—¿Sientes algo por mí? —preguntó de repente Josefina, con el brazo apretado alrededor de Fernando.
Los labios de Fernando se crisparon.
—Josefina, nosotros…
—No digas que somos como hermanos. Sólo quiero saber si sientes algo romántico por mí —interrumpió Josefina rápidamente, como si ya supiera lo que Fernando iba a decir.
Fernando intentó cambiar de tema, pero cuando sintió la mano de Josefina agarrando la suya con fuerza, supo que no podía engañarla.
—Josefina, esta tarde me has llamado porque querías hacerme esta pregunta, ¿verdad? preguntó Fernando, recordando su vacilación anterior.
Josefina respondió:
—Sí, quería preguntártelo en ese momento. Porque… porque…
Dudó, demasiado avergonzada para decirlo abiertamente.
Fernando habló en voz baja.
—¿Qué tal si dejamos de hablar por ahora?
Este repentino giro de los acontecimientos dejó a Fernando un momento confundido. Temía que, si la conversación continuaba, cometería un error.
Josefina, aparentemente temerosa de que Fernando pudiera huir, apretó con más fuerza su mano.
—¡Déjame hablar! Es porque me gustas. Me gustas desde que éramos niños, así que quiero saber si yo también te gusto.
Josefina dijo todo esto en un suspiro, como si hubiera agotado toda su energía, y luego enterró aprisa la cabeza en el pecho de Fernando.
En realidad, al principio no tuvo valor para hablar.
Sin embargo, el encuentro de esa noche le había dejado mucho sobre lo que reflexionar, en especial la presencia de otras mujeres alrededor de Fernando. Estaba Alisa, encantadora hasta la médula, y Berenice, etérea como un hada. Teniendo en cuenta los logros actuales de Fernando, ¿quién sabía cuántas mujeres más acudirían a él?
Por eso temía que, si no expresaba sus sentimientos ahora, no tendría otra oportunidad.
Una compleja gama de emociones recorrió a Fernando.
—¿Te gusto? ¿Pero no tenías una relación antes?
—Nunca me he acostado con él. Como mucho, sólo nos hemos tomado de la mano. Sigo siendo pura —se apresuró a explicar Josefina, pensando que a Fernando podría molestarle su relación anterior—. Y en verdad me gustas. No te he mentido. Sólo empecé a salir con ese imbécil porque pensé que no volverías. También era bueno conmigo, y mi madre me instaba a buscar novio.
Habiendo crecido con Josefina desde la infancia, Fernando sabía naturalmente que no mentía.
Aunque aparentemente despreocupada, era una persona íntegra.
—Josefina, eso no es lo que quise decir. Yo… —Fernando estaba a punto de decir que ya tenía novia, pero Josefina se dio la vuelta y lo besó antes de que pudiera terminar—. Si no me crees, puedo demostrártelo. De todas formas, mi madre acaba de decir por teléfono que no le importa que vivamos juntos antes de casarnos.
Sus labios se encontraron y Fernando reaccionó rápidamente, apartando a Josefina.
Sorprendida, Josefina se cayó de la cama.
—¿Fernando?
Al final se armó de valor para confesar sus sentimientos, incluso tomando la iniciativa.
Sin embargo, la resistencia de Fernando dejó a Josefina desconcertada y agraviada.
Respirando hondo para calmar sus emociones, Fernando encendió la lámpara de la mesilla de noche.
Se volvió hacia Josefina, que sólo llevaba ropa interior y tenía los ojos enrojecidos.
—Josefina, ya tengo novia, y se llama Berenice. Así que lo siento, ¡siempre te veré sólo como mi hermana!
El delicado cuerpo de Josefina tembló, las lágrimas brotaron de sus ojos.
—¿Estás saliendo con la Señorita Zavala?
—¡Eso es!
Fernando no quería arruinar sus años de amistad, así que decidió no ocultar nada más. Le contó a Josefina todo sobre su relación con Berenice.
Al final, se disculpó una vez más.
—¡Lo siento!
Tomó su teléfono y se lo metió en el bolsillo.
—Ahora deberías descansar. Acabo de recordar que tengo algo de lo que ocuparme.
Al ver marcharse a Fernando, Josefina no le detuvo.
Sólo cuando escuchó el sonido de la puerta exterior al cerrarse, se derrumbó en el suelo y empezó a llorar.
—¿Por qué?
Había creído que mientras confesara sus sentimientos y tomara la iniciativa, acabaría naturalmente con Fernando, la persona más adecuada para ella.
Por desgracia, la realidad ahora era que Fernando ya tenía novia.
No sólo eso, sino que la persona en cuestión era Berenice, considerada la más bella entre las Cuatro Bellezas de Ciudad Jade. También era la Directora General del Grupo Cardenal.
—¿Es sólo porque ella es mejor que yo y viene de un entorno mejor?
Naturalmente, Fernando no tenía ni idea de lo angustiada que estaba Josefina en ese momento.
Salió del hotel y llamó a un taxi.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Médico Supremo