Mientras todos especulaban sobre la identidad de Fernando, el hombre tomó la mano de Berenice y salió paseando del restaurante. Cuando estaban a punto de llegar al auto, Berenice preguntó:
—¿Es agradable sostener mi mano?
Acercándose poco a poco a ella, Fernando bromeó con una sonrisa:
—La mano de mi novia es suave y delicada, claro que es agradable sostenerla.
Berenice se sonrojó y retiró su mano.
—Solo lo dije para protegerte. Tienes que esforzarte más si quieres que sea tu novia.
Ella era amable y encantadora, pero a veces mostraba un lado enérgico. Aunque provenía de una familia acomodada, no era condescendiente como la típica heredera. En cambio, era muy accesible. Incluso, su expresión tímida también era adorable. Fernando no pudo evitar enamorarse de ella.
—En otras palabras, ¿todavía tengo la oportunidad de conquistarte si me esfuerzo?
Los ojos de Berenice parpadearon.
—¿No dijiste que la compatibilidad de los antecedentes familiares es crucial? ¿Puedes superar todos los sentimientos de inferioridad y perseguirme sin preocuparte por las críticas de los demás?
—¿Por qué no puedo perseguirte si tengo la confianza para cerrar la brecha entre nosotros?
Considerando sus habilidades médicas y las conexiones que había construido en los últimos años, Fernando creía que podría estar a la altura de la Familia Zavala, dado el tiempo suficiente. Sin embargo, una pregunta le vino a la mente.
—Pero, no me estás dando una oportunidad solo porque una vez te salvé, ¿verdad?
Si fuera una relación basada en la gratitud, no la perseguiría, incluso si tuviera algunos sentimientos por ella. Parpadeando, Berenice respondió:
—No soy el tipo de persona que se entrega por una deuda de gratitud. Pero, no me molesta que tú me pretendas, y puedo darte una oportunidad. Entonces, ¿quieres intentar conquistarme?
Ella misma se sorprendió al decir esas palabras. En el pasado, sentía que era descarado para una chica actuar de esa manera. Sin embargo, estaba dispuesta a dar el primer paso tratándose de él. Los ojos de Fernando se iluminaron.
—Sí. Te conquistaré y te haré suplicar en el balcón, en el baño y en el suelo.
Berenice se quedó en silencio, perdida por un momento. En el instante en que percibió su significado, su rostro se encendió. Levantando la mano, abofeteó al hombre.
—¡Qué travieso! La Señora Lemus dijo que habías obtenido excelentes calificaciones y carácter desde joven. Pero, por cómo se ven las cosas ahora, habías estado fingiendo.
Sosteniendo su mano, Fernando le lanzó una sonrisa maliciosa.
—A las mujeres les encantan los chicos malos, ¿no?
Berenice se sonrojó más, lo empujó y subió al auto.
—¡Ya no te hablaré más! Además, dime Bere a partir de hoy. Si sigues hablándome con formalidad, no te daré más oportunidades para perseguirme.
—Entendido, mi futura querida.
—¡Qué travieso! Aún no soy tu querida. Eso tendrá que esperar hasta que me hayas conquistado.
Jasón, que en ese momento estaba en camino al hospital, no imaginó que su aparición llevaría a que la relación de Fernando y Berenice se volviera íntima a la velocidad del rayo. De lo contrario, estaría tan frustrado que reventaría un vaso sanguíneo.
—Eres un descarado, Fernando. Aún no me has conquistado, pero ya me estás hablando de forma tan intima. ¿No te resulta incómodo llamarme tu futura querida?
—Parece un poco incómodo. En ese caso, solo te diré cariño.
—No, no puedes hacerlo ahora. Pero, está bien cuando acepte ser tu novia.
Con sus sentimientos a la vista, Fernando y Berenice charlaron y bromearon como una pareja durante el viaje. Las manchas rojas que coloreaban su rostro permanecieron vívidas. No fue hasta que llegaron a un barrio bullicioso que Fernando dejó de bromear con ella.
—¿Este es el lugar al que querías traerme?
Era un barrio que conservaba el estilo de los años treinta y cuarenta, rodeado de zonas residenciales. Golpeándose las mejillas ardientes, Berenice instó:
—Salgamos del auto primero.
Caminaron hasta una clínica conocida como la Clínica Médica Jerónimo. En la fachada había una tienda que fusionaba dos unidades, mientras que la parte trasera constaba de un patio y una residencia. Fernando miró a Berenice con desconcierto.
—¿Por qué estamos aquí, cariño?
—¿Qué estás mirando?
—Eres muy amable conmigo, cariño.
—Eres un travieso, llamándome cariño y aprovechándote de mí.
A pesar de sus palabras, no había ni rastro de ira en el rostro de Berenice, incluso arrastró a Fernando hacia la clínica. Con un matamoscas en la mano, el empleado del mostrador dijo con apatía:
—Vayan a otro lugar si buscan tratamiento o medicinas. Ya no estamos en el negocio.
—Soy Berenice Zavala. Hice una cita con el Señor Martínez para discutir la adquisición de la Clínica Médica Jerónimo.
—Ya veo. Si es así, entra al fondo y búscalo.
Caminando por el pasillo, Berenice comentó:
—En el pasado, mi abuelo me traía aquí seguido. Había un flujo interminable de pacientes, incluso las personas importantes hacían cola para buscar tratamiento. En comparación con su estado actual, los cambios han sido drásticos.
—Una vez que un médico respetado ya no desea tratar a los enfermos, pierde el respeto más rápido que nadie. No es sorprendente —comentó Fernando.
Después de todo, no había razón para que otros respetaran a un doctor cuando no les servía de nada buscarlo. A su observación, Berenice solo asintió. En poco tiempo, llegaron al patio trasero que había sido descuidado durante mucho tiempo, con hierbas altas por todas partes.
—¿No eres la hija de la Familia Zavala? ¿Cuándo recobraste la conciencia?
Justo cuando estaban a punto de buscar a Jerónimo, una voz de anciano sonó desde el pabellón de la izquierda. Berenice volteó, y se encontró con un anciano y una joven sentados en el pabellón. Soltó rápido la mano de Fernando como si fuera una chica inocente sorprendida saliendo en secreto.
—Señor Hernández, Señorita Hernández. ¿Por qué están aquí los dos? —Luego, le explicó a Fernando en voz baja—: Él es el fundador de Grupo Pentagón, Marcelo Hernández, y ella es su nieta, Marcelina Hernández.
Al escuchar eso, Fernando inclinó la cabeza un poco. En realidad, él conocía a la familia Hernández. Era la segunda familia más adinerada de Ciudad Jade, superada por la Familia Mejía. Marcelo Hernández tosió antes de admitir:
—Estoy aquí para buscar a Jerónimo para que me trate. Él se negó, así que solo puedo venir y esperar aquí todos los días. Pero Berenice, escuché que era probable que te quedaras en coma para siempre.
—¡Juliana! ¡Juliana! ¿Qué te pasa? ¡No me asustes!

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