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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 1205

Álvaro creía que mientras descubrieran a la mente maestra y la entregaran a la justicia, su familia no sufriría más daños.

Carolina asintió, emitiendo un sonido afirmativo.

—Caro, por ahora no le digas nada de esto a Isabela, ni tampoco a los mayores. Esperemos los resultados de la investigación. Me niego a creer que con tantos recursos que tenemos no podamos encontrar a los culpables.

Carolina asintió.

—A partir de ahora, todos en la familia deberán salir acompañados de escoltas.

Carolina volvió a asentir.

Antes odiaba llevar guardaespaldas porque sentía que la gente pensaría que era presumida o engreída, además de que le quitaba libertad sentir que alguien la observaba a todas horas. Por eso evitaba usarlos.

Su familia siempre había mantenido un perfil bajo y no solían ofender a nadie. Desde que era niña rara vez llevaba seguridad y nunca le había pasado nada.

Quién se iba a imaginar que esta vez sufriría un secuestro.

—¿Cómo está mi amiga?

Carolina de pronto se acordó de la amiga que la había acompañado a hacer compras.

—Sufrió algunas heridas leves y también está internada aquí. Aún no le hemos dicho que ya regresaste. ¿Quieres ir a verla?

Carolina saltó de la cama.

—Por supuesto que quiero verla, todo esto es mi culpa. Seguro también se llevó un gran susto.

Ante una situación así, hasta un hombre adulto se asustaría bastante, mucho más ellas, que solo eran mujeres comunes.

Álvaro acompañó a su hermana a visitar a su amiga.

Isabela regresó con varios recipientes de comida para llevar. Al notar que solo quedaba un guardaespaldas en la puerta de la habitación, le preguntó:

—¿Por qué estás solo?

—El joven Álvaro llevó a la señorita a visitar a la señorita Medina.

La señorita Medina era la mejor amiga de la infancia de Carolina.

Isabela murmuró un "ah", entró a la habitación, dejó la comida sobre la pequeña mesa de la salita y tomó una porción para dársela al guardia de afuera.

—También compré algo de comer para ustedes.

El guardaespaldas tomó la comida y le dio las gracias.

—Es un poco complicado hablarlo por teléfono. Ya me enteré del secuestro de Carolina; mi abuela le pidió a Vicente que ayudara con el asunto.

—Ya rescataron a Caro. Elías, gracias por dejar el pasado atrás y ayudar.

—Fue idea de mi abuela, pero yo también le habría pedido a Vicente y a Marco que ayudaran. Álvaro y yo solo somos rivales en el amor, no somos enemigos a muerte. Además, Caro es tu amiga; si le pasa algo, es evidente que vamos a ayudar en lo que podamos.

—Mientras Vicente ayudaba, descubrió algo que tiene que ver contigo, y por eso quiero hablarlo en persona.

—Por cierto, desde que Caro regresó, ¿te ha dicho algo?

—No, nada.

*Pero la forma en que me miró fue distinta, y eso me tiene con los nervios de punta.*

Elías estaba a punto de añadir algo cuando sonó su otro celular. Era Rodrigo Méndez, así que le dijo a Isabela:

—Rodrigo me está llamando, voy a contestarle. Hablaremos de lo tuyo cuando vuelvas a casa.

Luego, colgó.

Tras esa llamada, el corazón de Isabela latía aún más deprisa. ¿Qué era lo que Vicente había averiguado exactamente?

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