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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 1247

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—Podemos desviarnos en la salida más cercana y tomar caminos de terracería en lugar de la vía principal. Si salimos de la autopista ahora mismo, no tendrán tiempo suficiente para armar un bloqueo.

El hombre encargado de vigilar a Isabela lo pensó por un segundo y asintió.

—De acuerdo. Llamaré a Ulises para avisarle que ya tenemos el paquete y que pueden movilizarse.

Dicho y hecho, sacó su teléfono y le marcó a Ulises Peña, confirmándole que la operación había sido un éxito y que ya estaban sacando a Isabela de Nuevo Horizonte. Sin embargo, le advirtió que Isabela le había mencionado a la familia Morales que estaban en la carretera norte, por lo que abandonarían la autopista de inmediato.

Le sugirió a Ulises que cambiaran su propia ruta de escape y que enviara a otro equipo para recoger a Isabela en un punto ciego. En cuanto a los dos guardaespaldas que la protegían, planeaban llevarlos a las afueras, darles una buena paliza, noquearlos y tirarlos en una zanja.

Mover a una sola persona era fácil; mover a tres llamaría demasiado la atención.

Ulises les ordenó apagar el celular de Isabela, sacar la tarjeta SIM y deshacerse de ella en el camino. Si los hermanos Morales ya sospechaban, daría igual si el teléfono seguía prendido o apagado.

Tras recibir la confirmación de que sus hombres tenían a Isabela, Ulises esperó media hora frente a la cafetería. El calor era sofocante y estar allí plantado se había vuelto insoportable.

De todas formas, el teatrito ya estaba hecho. Ahora toda la ciudad creía que Ulises Peña estaba perdidamente enamorado de Isabela, haciéndole declaraciones extravagantes, y que ella simplemente lo estaba ignorando.

Esta noticia llegaría rápidamente a oídos de la familia Morales.

Si de verdad tenía que abandonar Nuevo Horizonte, necesitaba llevarse un seguro de vida. Isabela era la rehén perfecta. Mientras la tuviera en su poder, ni Elías Silva ni Álvaro Morales se atreverían a intentar nada; los tendría a ambos comiendo de su mano.

Además, hacer todo ese espectáculo romántico también tenía el propósito de clavarle una espina de duda a Álvaro. ¿Qué pensarían los ancianos de la familia Morales? Seguramente considerarían a Isabela un imán de problemas y desastres.

Si él iba a hundirse, se aseguraría de arrastrarlos a todos consigo.

—Vámonos.

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