"Brisa, ahora es tu última oportunidad. Dime cómo lo planeaste todo y quién me forzó. De lo contrario, no me culpes por ser despiadada."
"No fui yo, de verdad que no fui yo."
Adda la miró con unos ojos fríos y aterradores. Luego, se dio la vuelta y se sentó otra vez en la silla frente a las pantallas de vigilancia. "Entonces, puedes irte, siempre y cuando logres salir."
Brisa no entendió el significado de sus palabras, pero pudo sentir que algo no estaba bien con Adda. Era peligroso, como si se hubiera convertido en otra persona.
Brisa giró sobre sus talones para irse, pero justo en ese momento, escuchó unos rugidos terroríficos que parecían venir del sótano. Apuró el paso.
Justo cuando estaba saliendo de la mansión, se dio cuenta de que en el patio había cuatro lobos. No perros, eran lobos. Estos cuatro animales enormes y musculosos, con el vientre hundido, la cola caída y los ojos brillando con un tinte verde, la miraban ferozmente.
Brisa finalmente entendió lo que Adda quiso decir con "siempre y cuando logres salir". Pero, ¿por qué habría lobos aquí? Lobos hambrientos y feroces.

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