—Mamá —la llamó Doris con naturalidad, una palabra que llenó de alegría el corazón de Tatiana.
Sin embargo, para Fátima, sonó como una espina.
—¡Hija, no hagas berrinches, yo soy tu verdadera madre!
Doris se apartó del abrazo de Tatiana y la miró con frialdad.
—Señora, no me llame hija. ¡Su hija es Carolina!
¡¿Señora?! Fátima la miró con los ojos desorbitados.
—¡Doris, soy tu madre, no tu señora!
Intentó acercarse para tomar a Doris del brazo.
—¡Basta! —dijo Mauro, golpeando el suelo con su bastón—. ¡Ya es tarde para arrepentirse! ¡Yo, este viejo, tomaré la decisión hoy mismo! De ahora en adelante, mi nieta adorada quedará registrada bajo el nombre de Felipe y su esposa.
—Papá... —protestó Fátima, claramente en desacuerdo.
—¡No me llames papá! —resopló Mauro—. ¡Si su hija no los reconoce, es culpa de ustedes!
Fátima se sintió profundamente ofendida. No esperaba que su hija biológica tuviera un carácter tan fuerte. Por unas cuantas palabras duras, ¡ahora reconocía a su tía como madre!
—Papá, la niña solo está haciendo un berrinche con nosotros —continuó Julián—. Lo de reconocer a mi hermano y a mi cuñada como padres es una tontería. Sea como sea, es nuestra hija, ¿cómo podríamos no quererla?
—Dejen de darse aires —dijo Doris—. No estoy haciendo ningún berrinche. Simplemente no quiero reconocerlos. Y aunque ahora mismo echaran a Carolina, seguiría sin querer reconocerlos.
Julián, contrariado por la rebeldía de su propia hija, la miró con evidente disgusto.
—Si no me creen, puedo firmar un acuerdo de renuncia de parentesco ahora mismo —añadió Doris.
Fátima y Julián se quedaron sin palabras, ahogados por la ira.
Para demostrar su determinación, Doris sacó de su bolso su identificación y su acta de nacimiento y se las entregó a Mauro.
—Abuelo, te agradecería que tramitaras mi cambio de registro a la casa de mis tíos lo antes posible.
—Bien —dijo Mauro, tomando los documentos.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida