Área de hospitalización, dentro de la habitación.
Ricardo estaba de pie junto a la ventana, observando a su hermana adoptiva, Carolina, que hablaba por teléfono con alguien en el jardín de abajo. Se quedó sumido en sus pensamientos.
Justo ahora, cuando Carolina acusaba a Doris, no mencionó ni por asomo que fue Patricio quien tomó la iniciativa de ir a buscarle pleito.
¿Lo hizo por una lealtad genuina hacia Patricio o simplemente para desviar todo el odio hacia Doris?
Por alguna razón, Ricardo de repente sintió que esa hermana adoptiva, a la que siempre había considerado pura y buena, se había vuelto una extraña.
De pronto, recordó las palabras de Doris: antes de que la acogieran en la familia Palma, alguien había contratado gente para hacerle daño.
Y esa persona, con toda probabilidad, era Carolina.
Por eso le pidió a Patricio, que ya estaba investigando el pasado de Doris, que indagara también sobre ese asunto. No sabía si los hombres que Patricio envió habrían descubierto algo.
Julián vio a su hijo mayor de pie junto a la ventana, con la mirada perdida en el piso de abajo, y se acercó.
—Tú también estuviste ahí hoy. ¿Es verdad lo que dijo Carolina?
Ricardo lo pensó un momento antes de responder.
—Es verdad que teníamos una reunión con un cliente importante de Entretenimiento Estrela, y también es verdad que Doris apareció y tuvimos un altercado con ella, solo que…
El rostro de Julián se ensombreció.
—¿Solo que qué?
Ricardo dudó un instante, pero al final dijo la verdad.
—Solo que Patricio no regresó con nosotros. Dejó muy claro que iba a buscar a Doris para ajustar cuentas, así que…
Así que fue Patricio quien provocó a Doris primero.
Pero antes de que Ricardo pudiera terminar, Julián levantó la mano para detenerlo.
—Ya basta —le advirtió Julián a su hijo con seriedad—. Con saber que lo primero es verdad, es suficiente. Lo que pasó después no importa. ¡Y más te vale no mencionarlo delante de tu abuelo ni de nadie!
Ricardo movió los labios, pero no dijo nada.
Doris tomó el plato y los cubiertos y asintió.
—Sí, no voy a ir a buscarme problemas visitando a Patricio.
No sentía ni una pizca de culpa. Esta vez fue Patricio quien quiso acabar con su vida primero.
Sin embargo, tenía otros planes, y para eso necesitaba verlo.
Un plan para que Patricio se diera cuenta de lo estúpido que había sido.
Y para que ese plan funcionara, Patricio tenía que seguir vivo. Aunque, para ser sincera, no creía que el choque hubiera sido suficiente para matarlo.
Sobre todo, con Manuel en la escena del accidente para encargarse de todo de inmediato.
Pero, tal como estaban las cosas, seguro que habría gente vigilando la habitación de Patricio constantemente. No le sería fácil acercarse a él para ejecutar la siguiente fase de su plan. Tendría que encontrar la manera de alejar a todos los que estuvieran en su cuarto.
—Mamá, ¿tú también crees que soy una calamidad, que desde que volví solo he traído problemas a la familia Palma? —preguntó Doris de repente, a media comida.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida