Las palabras de Félix borraron la sonrisa del rostro de Julián.
—Julián, no te molestes —se burló Felipe—. Félix vino esta noche especialmente para el compromiso de Doris. No tiene intención de hablar de negocios contigo.
—¡Bah! —escupió Félix, sin la menor intención de guardarle las apariencias en público. Sus palabras fueron directas y cortantes—: ¿Y este tipo quiere hacer negocios con nosotros, los Figueroa? Sigue soñando.
En ese momento, los invitados que ya estaban sentados volvieron a cuchichear.
—¿Qué pasa entre Félix y Julián?
—Parece que Julián intentó congraciarse con Félix, pero no le funcionó.
—Y parece que Félix vino esta noche especialmente por la heredera de los Palma, no por invitación de los Villar.
—Ya me enteré del lío de los Palma. En la fiesta de bienvenida, la propia heredera reveló que Julián y su esposa son sus verdaderos padres, pero que ellos, por preferir a su hija adoptiva, no quisieron reconocerla por ser una chica de pueblo.
—Ahora veo que la heredera de los Palma no es ninguna tonta. ¡Conoce a estas tres leyendas de Solara!
—¡No reconocer a esa hija fue una pérdida enorme para Julián!
Los murmullos aumentaron la vergüenza de Julián.
Fátima, Ricardo y Carolina, que observaban la escena desde lejos, tenían expresiones de asombro.
Mauro, por su parte, miraba a su segundo hijo con decepción.
—Te lo dije, si no logro que Félix hable con Julián, ¡tendré que arrodillarme y pedirle perdón a Doris!
—¡Ya basta! —la interrumpió él con impaciencia—. Con que haya venido contigo hoy, ya te estoy haciendo un gran favor a ti y a tu familia. ¡Y tú, en lugar de informarte bien, te pones a hacer apuestas con una mocosa! ¡Te lo buscaste!
Las palabras de su esposo la enfurecieron.
—Si no hubieras prometido con tanta seguridad que lo conseguirías, ¿crees que habría apostado con Doris? Ahora que las cosas se complican, me echas toda la culpa a mí. Benicio, llevamos años casados, ¡¿no tienes corazón?!
—No olvides que lo nuestro es solo un matrimonio arreglado —respondió él con indiferencia.
Mientras Andrea ardía de rabia y Julián deseaba que la tierra se lo tragara, se escuchó la voz clara y melodiosa de Doris.

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