Rosalinda: [¡Wow! ¡Qué increíble, prima! ¿Puedes sentir eso? ¡La próxima vez que tenga novio, me ayudas a comprobarlo! Soy muy exigente con mis relaciones, ¡el hombre con el que me acueste tiene que estar limpio!]
Doris: [Claro, sin problema.]
***
Al atardecer, el cielo se tiñó de un rojo intenso.
Julián entró a la casa con pasos furiosos. Acababa de enterarse por su esposa, Fátima, de una noticia que lo había dejado helado: ¡su propio hijo, Ricardo, había sido envenenado por Doris!
La noticia cayó como un rayo, y corrió a casa de inmediato.
Apenas entró, llamó a Ricardo.
Lo miró fijamente y le preguntó con urgencia:
—Tu madre me dijo que Doris te envenenó. ¿Es cierto?
Ricardo se sorprendió un poco, pero se recuperó al instante. Supuso que su hermana adoptiva, Carolina, se lo había contado a su madre.
Asintió levemente.
—Sí.
La frente de Julián se arrugó aún más, y su expresión se endureció.
—¿Por qué no nos dijiste nada ni a tu madre ni a mí?
Ante la pregunta de su padre, Ricardo respondió con un dejo de culpa:
—Papá, no quería preocuparlos. Pensé que podría resolverlo por mi cuenta.
Pero la explicación no calmó a Julián. Su mirada descendió hasta la pierna derecha de Ricardo y, señalándola, dijo con voz grave:


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida