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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 355

Las palabras de Doris hicieron que Fátima abriera los ojos de par en par, furiosa y desconcertada.

—Mocosa, ¿todavía te atreves a hablarme así? ¿Acaso se te olvidó algo?

Doris fue directa.

—No se me ha olvidado nada. Secuestraron a mi mamá, me enviaron uno de sus dedos con el anillo de bodas y me amenazaron con su seguridad para que les obedeciera.

Los Carrasco, al escuchar a Doris, por fin entendieron. Resultaba que estaban usando la vida de Tatiana, la señora de la familia Palma, para obligar a Doris a disculparse con ellos.

Fátima se quedó helada. A juzgar por la reacción de Doris, ¿será que no le importaba en absoluto la seguridad de Tatiana?

Si era así, los sentimientos de Fátima eran, por decir lo menos, complicados.

Por un lado, sentía un poco de regocijo. Tatiana se lo merecía por meterse donde no la llamaban y adoptar a esa mocosa.

Por otro lado, si a Doris no le importaba Tatiana, no podrían amenazarla, ¡y eso sería un gran problema!

Ya que Doris lo había dicho todo abiertamente, Julián también dejó de fingir. Con el ceño fruncido, dijo sin rodeos:

—Entonces, con esa actitud, ¿me estás diciendo que la vida de tu madre no te importa en absoluto?

Hizo una pausa, tomó su celular y, delante de Doris, marcó el número de Bruno. Iba a ordenarle que le cortara otro dedo a Tatiana.

Pero, para su sorpresa, al marcar el número, el timbre del teléfono se escuchó débilmente desde fuera de la villa.

Antes de que Julián pudiera entender qué pasaba, la voz de Tatiana resonó desde el exterior.

—Julián, no es que a Doris no le importe mi vida. Es que ya estoy a salvo y no estoy en manos de Bruno.

Julián abrió los ojos como platos, mirando con incredulidad cómo Tatiana entraba apoyada en Mauro, con Felipe a su lado.

¿Acaso Felipe la había encontrado después de apuñalarlo anoche?

¡No, algo andaba mal!

Julián se dio cuenta: ¡los dedos de Tatiana estaban intactos!

Al verlo, el corazón de Julián se hundió. Un escalofrío le recorrió la espalda hasta la nuca. Entendió que su plan de secuestrar a Tatiana con la ayuda de Bruno había quedado completamente al descubierto. Se sintió como si hubiera caído en un pozo de hielo, paralizado en su lugar.

La pregunta helada y cortante de Felipe retumbó en la habitación:

—Julián, delante de papá, ¿tienes algo que decir en tu defensa?

El grito furioso hizo que toda la sala cayera en un silencio sepulcral.

El rostro de Mauro, ya marcado por la edad, se cubrió de decepción. Cada arruga parecía expresar el dolor y la ira que sentía por su hijo.

—Julián, ¿de verdad mandaste a secuestrar a Tatiana? —le reclamó con voz severa.

Julián sabía que, por más que lo negara, no podría ocultar su crimen, así que optó por el silencio.

Sin embargo, su rostro, cada vez más pálido, delataba el pánico y el miedo que lo consumían.

***

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