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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 404

Doris lo miró con desdén y se burló:

—Ja, si firmara un contrato así contigo y un día, cuando te vuelvas famoso, decidieras hacerlo público, ¿acaso no me convertiría en una jefa explotadora a los ojos de tus fans enloquecidos? No estoy dispuesta a correr ese riesgo.

Patricio, desesperado, trató de explicar:

—¡No te preocupes, Dori, jamás revelaría ese contrato! ¡Te lo juro!

Pero Doris le contestó sin piedad:

—¿Y de qué sirve tu garantía?

Viendo que no lograba convencerla, Patricio se angustió aún más. Apretó los puños y declaró con firmeza:

—¡Te lo garantizo con mi vida! De verdad, Dori, ¡confía en mí por una vez! No pido nada, solo quiero compensarte, hacer algo por ti. ¡Puedes utilizarme como quieras! ¡Incluso si me exprimes hasta la última gota de sangre, no me quejaré! Por favor, dame una oportunidad…

Al final, su voz se quebró en un ruego desesperado.

En la empresa, Patricio siempre había mantenido una actitud arrogante, despreocupada y juguetona. Jael nunca lo había visto tan humillado, y no pudo evitar sentir una punzada de lástima por él.

Aunque, pensándolo bien, lo que había hecho en el asunto del vestido de noche había sido demasiado cruel.

La nueva directora era su propia hermana, y él había intentado incriminarla de esa manera por defender a esa impostora.

Se podría decir que estaba cosechando lo que sembró.

—¿Por qué debería creerte? —dijo Doris con una sonrisa gélida—. Además, no necesito usarte para generar ganancias. Tengo muchísimas formas de hacer dinero y de hacer crecer a Entretenimento Estrela.

»Por cierto, casi olvido mencionarte algo. Cuando las calumnias sobre el incidente del vestido en el banquete de bienvenida inundaron internet, seguramente pensaste que yo estaba detrás de todo, ¿verdad?

»Pues resulta que tu queridísima hermana Carolina también contribuyó. Contrató a un ejército de cuentas falsas para difamarte, con el único propósito de que me odiaras aún más. Si hablamos de empeño en destruirte, ella se esforzó mucho más que yo.

Doris lo miraba fijamente, con una expresión burlona en el rostro.

—No vuelvas a mencionar a esa víbora malnacida… por favor, Dori, te lo ruego… —Al escuchar el nombre de Carolina, Patricio perdió el control. Sus ojos se enrojecieron y su voz se convirtió en una súplica.

Pero Doris no tenía intención de darle tregua y continuó su ataque sin piedad:

—Por defender a Carolina, intentaste hacerme daño y casi no sobrevives a ese accidente de carro. Y ahora, al despertar, descubres que la hermana a la que tanto adorabas te traicionó de esa manera. Debes sentirte fatal, ¿no es así?

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