Sintió una calidez en el pecho.
Seguramente sus padres la estaban esperando.
Efectivamente, antes de llegar a la puerta, escuchó la voz de su hermosa madre.
—Listo, Feli, mira esto. ¿Qué te parece este diseño?
Doris vio de inmediato a su madre sentada en el sofá, pasándole una tableta a su apuesto padre.
Felipe Palma dejó la revista, miró la tableta y asintió con aprobación.
—Está muy bonito, tiene mucho de tu estilo personal.
La madre se sonrojó un poco.
—Me alegro. Espero que a Doris le guste.
Doris no pudo evitar preguntar:
—Mamá, ¿qué me diseñaste?
Cruzó el umbral y se acercó con curiosidad a su madre.
Tatiana Lara retiró rápidamente la tableta y la escondió detrás de su espalda.
—Nada. —Cambió de tema apresuradamente—. ¿Qué te dijo Enrique esta noche?
Doris no insistió en arruinar la sorpresa de su madre; después de todo, una sorpresa revelada deja de serlo.
Se dejó caer perezosamente en el sofá y dijo con franqueza:
—Silvia buscó a Ricardo para que testificara frente a Enrique acusándome de haberla envenenado.
Tatiana no preguntó si realmente había envenenado a Silvia, sino que exclamó sorprendida:
—¿De verdad Ricardo testificó a favor de Silvia?
Doris asintió y soltó un «ajá», sin mostrar alegría ni enojo.
Tatiana estaba furiosa por la falta de carácter de él.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida