Terminado el tratamiento de Ernesto, Doris e Higinio salieron del complejo habitacional.
De camino a Entretenimento Estrela, Doris preguntó: —Por cierto, Higi, ¿sabes bien qué pasó cuando tu mamá salvó a Ernesto?
Higinio hizo memoria. —Mi mamá me contó algo, tengo vagos recuerdos.
—Solo sé que a Ernesto lo obligaron a beber químicos tóxicos, lo que le quemó la garganta y lo dejó mudo. Mi mamá lo salvó y pagó para que le enseñaran lengua de señas.
—Según mi mamá, ella quería conseguirle un trabajo adaptado, pero Ernesto se negó. Quería ser su guardaespaldas.
Doris aventuró: —¿No será que los veinticuatro guardaespaldas que te dejó tu mamá son todos personas que ella ayudó en el pasado?
—También lo he pensado, pero nunca se los he preguntado.
Doris pensó en su propia organización. Mucha gente ahí también había recibido su ayuda y por eso la seguían fielmente.
Y otros eran genios incomprendidos a los que ella les dio una oportunidad.
...
*[¿Vas a ir a la fiesta de cumpleaños de la señorita Palma?]*
Cuando Doris e Higinio se fueron, Ernesto le preguntó a Alexander con señas. Había escuchado la conversación desde el cuarto.
Alexander ya había guardado la invitación. Asintió y respondió: —Sí.
No le dijo la verdad sobre querer ver qué clase de persona era su abuelo, sino que mintió: —La señorita Palma me dio la oportunidad de actuar, estoy muy agradecido. Quiero ir a felicitarla personalmente.
Ernesto lo miró pensativo y preguntó: *[¿Y por qué no conseguiste una invitación para mí?]*
Alexander puso cara de preocupación. —Ya te dije, tío, estoy agradecido con la señorita Palma y no quiero que le arruinen la fiesta. Si quieres vengarte de Enrique por lo de mi madre, busca otra oportunidad.
...
—¡Doris, el vestido ya está listo! —apenas llegó a casa, su mamá corrió feliz a jalarla hacia el sofá donde estaba la prenda—. ¡Mira! ¿Qué te parece?
Felipe no pudo evitar comentar: —No habías llegado y tu madre ya lo había revisado mil veces, nomás esperando a que lo vieras.
Doris bajó la mirada. Tal como en el boceto, era un vestido de noche strapless, azul cielo con un brillo sutil y bordados. La tela era de primera calidad.
Tatiana miraba a Doris nerviosa.
Doris no ocultó su asombro: —¡Está espectacular! Se ve mejor que en el dibujo. ¡Mamá, tienes un gusto increíble!
Ante el halago directo, Tatiana se sonrojó. —Con que te guste es suficiente.
Doris se sentó y acarició suavemente la tela. —Mamá, ¡en mi fiesta te voy a hacer una publicidad tremenda!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida