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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 685

Fátima aún estaba procesando las palabras de Doris.

Quizás era demasiada información. Tras el shock inicial, se calmó de una forma extraña y se quedó inmóvil, mirando fijamente a Doris.

Al ver que la escuchaba, Doris prosiguió:

—Si Julián planea matarte para incriminarme o no, lo sabrás si cooperas. Si realmente intenta asesinarte, bajo mi protección no perderás la vida.

—Aunque eres un poco tonta, no creo que seas un caso perdido. Piénsalo bien. Decide si quieres ayudarme a terminar esta función.

—Si cooperas, no pierdes nada. Y si mi análisis es correcto, salvarás el pellejo. No creo que quieras morir sin saber ni por qué, ¿verdad?

Fátima se sintió aturdida.

Tenía que admitir que su hija biológica, Doris, nunca se había rebajado a usar engaños para atacarlos.

Pero si el análisis de Doris era cierto, ¿qué significaba toda la sinceridad que Fátima había entregado media vida?

¡Se negaba a creer que su sufrimiento reciente fuera obra de su marido! Y peor aún, ¡que planeara sacrificarla para volver a la familia Palma!

¡Era el hombre con el que había compartido casi treinta años!

Siendo así, ¡se la jugaría!

Fátima tomó una decisión.

—¡Está bien, cooperaré! ¡Pero vas a perder! Y si pierdes, no tengo otra exigencia más que nos perdones a todos y nos dejes volver a la familia Palma.

Doris soltó una carcajada.

—Te dejo cooperar para darte la oportunidad de vivir, no para que me pongas condiciones.

Dicho esto, sacó un frasco de porcelana, volcó una pastilla y se la dio a Sombra.

Sombra tomó la píldora, caminó hacia Fátima, le apretó las mandíbulas para abrirle la boca y se la metió a la fuerza.

Fátima no luchó. Tragó la pastilla en seco y tosió un par de veces.

Al asegurarse de que Fátima se la había tragado, Doris dijo:

—Eso es veneno. Si te portas bien y cooperas, te daré el antídoto después. Si no cooperas y le cuentas a Julián lo que hablamos hoy, lo siento mucho, pero te aguantas el veneno. No te matará, pero el dolor te va a torturar constantemente.

—Estoy en Estudios Universo Único, ¿qué pasó?

—Conseguí las invitaciones para el cumpleaños de Doris. Hay para ti, para papá y para la tía.

La voz al otro lado se llenó de emoción.

—¿De verdad?

—De verdad. Doris me las dio personalmente. Tienen nuestros nombres escritos —Ricardo seguía hablando con agitación.

—Espérame en la cafetería de abajo, voy para allá ahora mismo.

—Va.

Ricardo colgó y bajó a la cafetería a esperar a Patricio.

Una hora después...

Cuando el auto de Patricio entró lentamente al complejo, Ricardo, que estaba sentado en una banca cercana, se levantó de un salto al verlo estacionarse y caminó hacia él con paso ligero.

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