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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 688

Mauro entrecerró los ojos y asintió.

—Está bien.

Julián se quedó pasmado; no esperaba que el viejo aceptara tan fácil. Tenía preparado todo un discurso que ya no iba a usar.

—¿De verdad? Papá, ¿eso significa que mañana puedo ir a la fiesta de Doris? —preguntó incrédulo.

—Sí, puedes. —Mauro asintió.

Andrea saltó de inmediato:

—Papá, ¿y yo? ¿Puedo volver a vivir en la mansión?

Mauro asintió de nuevo.

—Sí. Tu hermano ahora está muy ocupado con Medicina Pérez y Tecnología Prisma, no tiene el tiempo de antes. Yo estoy muy solo en la casa, así que servirá que me hagas compañía.

Andrea estaba eufórica e intercambió una mirada con su hermano.

Mauro puso cara seria.

—Ahora dime, ¿cuál es ese secreto de los Carrasco sobre mi farmacéutica?

Andrea explicó:

—Damián está desarrollando un fármaco prohibido, solo para uso de los Carrasco en negocios extranjeros donde no hay control. Pero no tienen líneas de producción adecuadas allá, así que le echaron el ojo a Medicina Pérez.

La mirada de Mauro se oscureció.

Julián añadió:

—Papá, mi hermano apenas tomó el control de la farmacéutica, seguro habrá huecos en su gestión que Damián pueda aprovechar.

—¿Por eso quieres ayudarlo? —preguntó Mauro.

Julián sonrió con amargura.

—Claro que quisiera ayudar en la empresa, pero dudo que mi hermano o tú me den esa oportunidad.

—Por eso digo que ya entendí. El secreto ya te lo dijo Andrea. Sobre cómo defenderse, confío en que Felipe podrá manejarlo. Papá, adviértele que revise si en la producción están dando gato por liebre.

Al ver a Julián tan "sincero" preocupándose por la empresa, Mauro dijo:

—Enterado.

—En fin, ya les di la oportunidad. Si siguen obsesionados, tendrán que comerse las consecuencias de sus actos.

...

—¿Por qué el viejo aceptó tan rápido hoy? —Andrea estaba extrañada.

Julián también lo encontraba raro, pero no creía que el viejo supiera de su alianza con Damián, así que no se preocupó.

—Tal vez al verte así le dio culpa.

Al mencionar eso, Andrea apretó los dientes con odio.

—¡Si tuviera culpa no nos habría tratado tan mal! ¡Jamás lo voy a perdonar!

Julián tenía la misma mirada siniestra. Él tampoco.

En cuanto encontrara la forma de volver a la mansión y quitarle la herencia a esa malnacida de Doris, ¡lo primero que haría sería asegurarse de que el viejo no se levantara nunca más de la cama y esperara la muerte!

Julián y Andrea regresaron al departamento rentado. Patricio, que ya había vuelto de comprar los regalos con Ricardo, los recibió emocionado.

—Papá, tía, ya llegaron. Les tengo una buena noticia.

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