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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 726

Rosalinda no pudo evitar exclamar:

—¡Guau, en serio! ¿Lo diseñó tu mamá? ¡Está padrísimo! No, ya estuvo, mis próximos vestidos de noche me los tiene que diseñar ella, y le voy a hacer promoción con todas mis amigas para que vengan.

Al escuchar a su hija echándole flores en su fiesta y ver la respuesta inmediata de los invitados, a Tatiana se le llenaron los ojos de lágrimas.

Doris continuó:

—Los que están aquí son personas muy importantes para mí, gente que valoro mucho, así que esta noche platiquen a gusto, coman y beban sin pena, no se limiten.

—¡No te preocupes, Dorita, ni creas que nos vamos a poner fresas! ¡Nos vamos a acabar toda la comida de la mesa, no vamos a dejar ni un plato sucio! —gritaron desde las tres mesas donde estaba la gente del pueblo.

Enseguida, el personal de cocina de la familia Palma y los meseros empezaron a servir los platillos y todos le entraron con ganas a la comida.

***

«¡Trárguense todo!»

«¡Al rato van a hacer el ridículo de sus vidas!»

En el palco exclusivo de Damián en La Candela, Carolina miraba la pantalla con una mirada llena de veneno.

Damián sostenía su copa de vino tinto; su rostro, usualmente frío, mostraba una pizca de expectativa y la comisura de sus labios se curvó levemente.

Todavía no había probado esa droga a gran escala.

Esta vez, usaría a las cincuenta personas presentes como conejillos de indias.

Quería ver qué tan potente era este nuevo lote, si era tan fuerte como para provocar una orgía ahí mismo.

Con ese pensamiento, se bebió la copa de vino de un trago.

***

Media hora después, casi todos en la fiesta ya habían comido y bebido a gusto.

Carolina ya estaba desesperada. ¿Por qué había pasado tanto tiempo y nadie se sentía mal?

¿La droga de Damián no servía?

¿O será que el encargado de la cocina no logró ponerla?

Carolina ya no podía evitar retorcerse en su asiento.

—¿Qué pasa? ¿Será que el vino de hoy pegó muy fuerte?

Damián lo sintió.

Al ver la reacción de Carolina, tuvo un mal presentimiento.

Esa sensación... le parecía haberla visto antes en algunas mujeres.

De repente se abrió la puerta del palco y el gerente de La Candela entró apresurado:

—Señor Carrasco, estamos en problemas, muchos clientes empezaron a comportarse muy raro, todo es un caos y nos están exigiendo una explicación.

La respiración de Damián se aceleró y empezó a sentirse mareado.

Se apoyó en el brazo del sofá para levantarse y miró a todos lados.

—¿Dónde está Ariana?

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