—Señor Carrasco, vamos a hablar claro y sin rodeos. Independientemente de cuál haya sido la causa de lo de esta noche, al final fue un descuido de La Candela. Acepté la promesa que Oriana me hizo esta noche sobre hacer concesiones en nuestros proyectos futuros, pero eso no significa que no vaya a tomar cartas en el asunto. Espero que usted, señor Carrasco, resuelva esto adecuadamente; de lo contrario, aunque la familia Carrasco sea muy poderosa y tenga respaldo, no me quedaré de brazos cruzados.
—Señor Carrasco, usted me conoce, hice mi fortuna gracias a mi suegro. Mi esposa me trae cortito, y si se entera de lo de esta noche, seguro me corre de la casa, ¡y todo mi esfuerzo de estos años se iría a la basura!
—Señor Carrasco, acepté la compensación de Oriana, pero fue por respeto a la familia Carrasco, confiando en que ustedes resolverán esto como se debe y que este escándalo no se filtrará. Si las acciones de mi empresa se ven afectadas, no me culpe si olvido nuestros años de colaboración y rompo relaciones con la familia Carrasco.
Normalmente, ningún cliente se atrevería a hablarle así a Damián, pero ahora todos ellos estaban en el mismo barco hundiéndose; si se unían contra la familia Carrasco, ni ellos podrían soportarlo.
Por primera vez, Damián bajó la cabeza, disculpándose uno por uno y prometiendo: —Le garantizo que lo de esta noche no saldrá a la luz bajo ninguna circunstancia.
Después de lidiar con estas llamadas de quejas y advertencias, Damián estaba agotado.
Miró la hora; ya eran las diez y media.
La fiesta de cumpleaños de Doris ya debería haber terminado.
Desde que Julián fue expulsado de la familia Palma, no podía ver la transmisión en vivo, así que desconocía la situación en la fiesta de Doris.
De cualquier manera, el siguiente paso debía comenzar.
¡Solo por lo que pasó esta noche en La Candela, Doris merecía morir!
Damián marcó personalmente al asesino profesional que había traído de Estados Unidos.
—¡Actúa esta misma noche! ¡Ya sabes, mi principio al contratar gente es que no permito fallas!
—Descuide, señor Carrasco. He trabajado con usted muchas veces y conoce mi trayectoria, nunca he fallado una sola vez. Si fallo, acabaré con mi propia vida, no le causaré problemas innecesarios, señor Carrasco.
***
Después de salir de La Candela, Carolina tenía el corazón en un puño. No se atrevió a quedarse mucho tiempo y fue directo a una farmacia cercana.


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