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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 749

Mauro bajó la mirada hacia su segundo hijo, que se arrastraba patéticamente pidiendo piedad para salvarse, y sintió un asco inmenso.

—¡Imbécil! —Mauro retiró la pierna de un tirón, con tanta fuerza que pateó a Julián y lo tiró al suelo—. ¡¿Eso es lo importante?! Lo importante es que te aliaste con Damián para hacerle esto a tu propia esposa. ¡Qué importa si tú buscaste al asesino o no! ¡Eres un animal, capaz de sacrificar a tu esposa para incriminar a tu propia hija! ¡Eres peor que una bestia!

Fátima cerró los ojos.

Lágrimas ardientes rodaron silenciosamente por sus mejillas y cayeron al suelo frío.

¿Por sus hijos?

Qué excusa tan ridícula y miserable.

Solo era por su propia sed de poder que nunca se saciaba.

Y ella no era más que una hormiga insignificante que podía aplastar en cualquier momento por su ambición desmedida.

Su corazón estaba muerto.

—¿No escucharon al señor? Llévense a este animal a la residencia de la familia Palma por ahora, mañana va para la policía —ordenó Doris a los guardaespaldas que trajo el abuelo.

—Sí, señorita.

Los guardaespaldas agarraron a Julián de los brazos y lo arrastraron bruscamente hacia afuera.

Los gritos y las excusas de Julián se fueron apagando a lo lejos.

El departamento se sumió en un silencio sepulcral.

Mauro pareció perder toda su vitalidad en un instante; su espalda, ya encorvada, se dobló aún más.

Ya no miró a nadie. Fijó la vista en la oscuridad de la noche y las luces de la ciudad a través de la ventana.

Guardó silencio un momento y habló despacio, con una voz tan cansada y vieja como una hoja seca temblando al viento:

—Doris...

Doris dio un paso al frente y respondió tranquila:

—Abuelo.

El viejo no la miró, seguía viendo por la ventana:

Capítulo 749 1

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