Ariana, con los ojos enrojecidos, replicó enfadada:
—¿Todavía tienes el descaro de preguntar qué me pasa? ¡Ya me enteré de lo que pasó anoche en La Candela! ¡Ya te acostaste con Carolina, verdad!
Al escuchar esto, Damián sintió una punzada en el corazón, pero luego se calmó un poco:
—¿Así que no me hablas por eso? ¿Y no porque la familia Carrasco tropezó con Doris y planeas abandonarme?
Ariana soltó una risa fría.
—¿Qué? ¿Acaso que te hayas acostado con Carolina no es grave?
Damián la miró fríamente y de pronto sonrió.
—...Importa, claro que importa.
Dicho esto, soltó las muñecas de Ariana.
—¿Entonces qué hago para que se te pase el coraje? ¿Mato a Carolina?
Al escucharlo hablar tan a la ligera sobre matar a Carolina, Ariana sintió un escalofrío por dentro, pero fingió calma y se sentó.
—Damián, ya estás manchado. No importa qué hagas para compensarlo, lo nuestro es imposible.
¿Manchado?
¡Cómo se atrevía a describirlo así!
Damián le apretó la barbilla a Ariana y dijo:
—Ariana, tus berrinches tienen un límite. Con mi estatus, no digas que solo me acosté con Carolina; aunque tuviera diez Carolinas, deberías aguantarte.
»Pero desde que hice público nuestro compromiso no he tocado a otra mujer, deberías darte por bien servida.
¿Darse por bien servida?
Claro, ¡se supone que una mujer debe agradecer que un hombre con poder no ande de mujeriego!
Si a Ariana de verdad le gustara Damián, debería estar agradecida.
¡Pero a ella nunca le gustó Damián!

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