Doris puso el celular en altavoz y lo arrojó al otro lado de la cama, lejos de ella.
—¿Y cómo te atreves tú a preguntar tan digno cuánto dinero quiero? Si no puedes sacar diez mil millones, no vengas aquí a hacer el ridículo, ¿ok?
—...Doris, ¡vengo a ofrecerte una colaboración sincera!
—Y yo te di un precio sincero. Sin diez mil millones no hay trato, mejor ve y pórtate como un buen perro.
Doris se recostó en la cabecera de la cama y escuchó una respiración profunda al otro lado de la línea.
Después de un buen rato, la voz dijo:
—Y si... colaboro contigo para ir contra Damián.
Doris arqueó una ceja.
—¿Ah, sí? ¿El perro faldero va a traicionar a su dueño?
—Doris, ¿puedes dejar de hablar tan feo?
—Digo las cosas como son —dijo Doris—. Habla, qué tienes para ofrecerme en esta colaboración.
Herminio guardó silencio un momento y dijo:
—Si hablo, ¿puedes proteger mi seguridad personal?
Doris bromeó:
—Ja, pensé que esperabas que no te paseara como perro.
Herminio:
—...Si fuera posible...
—Claro que no es posible. Ya les avisé a los internautas para calentar motores, si digo que hago directo y no lo hago, ¿dónde queda mi credibilidad? Ahora soy una celebridad de internet —dijo Doris—. Pero tu seguridad personal, puedo considerar protegerla, siempre y cuando lo que digas tenga suficiente valor.
Al otro lado parecía estar luchando consigo mismo por un buen rato, hasta que dijo débilmente:
—Damián me dio una cosa, dijo que me la atara a la correa del perro el día de la transmisión. No sé qué es, y no me atrevo a buscar a alguien para que lo revise por mi cuenta; si Damián se entera, me va a ir como en feria. Pero estoy seguro de que no es nada bueno, así que planeaba que tú le echaras un ojo.
—¿Oh?
—Te enviaré una foto de la cosa en un momento.
—Está bien.
Herminio colgó el teléfono y pronto envió un mensaje multimedia con una foto.


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