Al encontrarse con la mirada de Doris, Higinio soltó una risa.
—Claro que me enteré.
—¿Y entonces por qué no lo mencionas? —Doris lo miró fijamente—. ¿Acaso ya sabías quién es el respaldo de la familia Carrasco y no me lo dices porque me estás ocultando algo?
Al ver que ella sacaba el tema, Higinio dijo con un tono de impotencia pero lleno de cariño:
—No es que quiera ocultártelo, es solo que no veía necesario que te preocuparas por mis problemas.
Doris preguntó:
—¿Qué quieres decir?
Higinio explicó:
—Damián ha tropezado varias veces contigo, es imposible que no haya mandado a investigar tus antecedentes para confirmar si tienes algún respaldo con el que no se deba meter, para así planear su siguiente paso.
—¿Y luego?
—Con tu identidad, seguro no le fue fácil encontrar nada. Como la vez que te enfrentaste a Julián esa noche, dejaste que Sombra apareciera solo porque no te importaba que yo supiera quién eres.
—Exacto, ¿y eso qué?
—Pues que Damián va a pensar que todo lo que haces tiene el visto bueno de mi familia, la familia Villar, o que incluso participamos en ello.
Al llegar a este punto, Doris por fin entendió.
—Damián seguro va a querer tumbar a la familia Villar, y para lograrlo solo puede apoyarse en ese pez gordo que respalda a la familia Carrasco. Así que esa persona seguramente le va a poner trabas a tu familia pronto.
—Así es —dijo Higinio—. Como mi prometida, todo lo que digas o hagas vinculará a la familia Villar. Pero no importa, sea lo que sea que el respaldo de la familia Carrasco quiera hacer contra nosotros, yo tengo mis formas de resolverlo.
Doris bromeó un poco:
—Higi, ¿no te arrepientes de haberte comprometido con una problemática como yo?
Higinio le tomó la mano y suspiró fingiendo resignación.
—¿Quieres la verdad o la mentira?
—Ay, por favor, ¿qué clase de pregunta es esa? —dijo Doris, entre risas y lamentos.
—Exacto, qué clase de pregunta es esa. ¿Crees que me arrepentiría?
Llevó la mano de Doris hacia su propio pecho.
—¿Acaso no tienes claro que mis sentimientos por ti son sinceros?
—Creo que eres sincero conmigo, pero la gente siempre es buena fingiendo para lograr sus objetivos —siguió riendo Doris—. Y si me atrevo a creerte, es solo porque tengo margen para equivocarme.
Higinio, sin decir más, la jaló hacia sus brazos y la besó, callándole la boca.
Eso sí sorprendió un poco a Doris.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida