Al escuchar a su primo Augusto decir eso, Damián respondió con frialdad e impotencia:
—Gusti, esto no tiene nada que ver contigo. Acabas de regresar del extranjero, tienes mucho que aprender y hay cosas en las que no necesitas meterte.
—Dami...
Antes de que Augusto pudiera terminar, Damián lo interrumpió tajante:
—Ya estuvo, no digas más. Si tienes tiempo, ve a ver a la abuela y a tu tío.
Augusto se mostró algo decepcionado:
—...Entendido.
Damián miró a Augusto y fue como verse a sí mismo en el pasado.
Tan inocente, tan despreocupado.
Quizás en el futuro él también termine recorriendo este camino, pero Damián solo esperaba que fuera más despacio.
***
Al salir de la habitación, Augusto sacó su celular y miró las fotos de Doris en internet.
¡Qué se cree esta mujer!
¡Él mismo se encargaría de ponerla en su lugar por Dami!
Ya que las malas no funcionan con esta mujer, ¡pues mejor ir por las buenas!
Para lidiar con una mujer, ¡lo mejor es atacar directo al corazón!
***
Al atardecer, cuando Doris iba de regreso a casa después del trabajo, vio a alguien tirado a mitad de la calle, todo golpeado.
Frenó y se bajó del carro para checar cómo estaba la persona en el suelo.
No estaba muerto.
El hombre tenía la cara llena de sangre, el pelo todo alborotado; no se le veía bien el rostro, solo se notaba que era joven.
—Ayú... ayúdame... por favor...
El hombre entreabrió los ojos y extendió la mano débilmente para agarrar el brazo de Doris.
Doris recordó la escena cuando salvó a Germán y, eh...
Era más o menos lo mismo.
Sintió que iba a ser una lata.
Antes fue porque estaban en el pueblo y las condiciones médicas eran malas; si ella no intervenía, Germán igual y no la contaba.
Pero aquí en Solara hay muy buenos hospitales.


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