Higinio, que había estado sonriendo levemente, se puso serio.
—Dori, no voy a permitir que nadie arruine nuestra boda como pasó con nuestra fiesta de compromiso.
Doris mostró una sonrisa llena de confianza.
—Yo tampoco.
—Así que, cualquiera que pueda estorbar en nuestra boda, tiene que ser eliminado antes de ese día —la voz de Higinio era suave, pero cargada de una seriedad nunca antes vista.
—Bueno, hasta aquí la plática por hoy. Al rato voy a llevar a Verdín y a los otros al buffet —dijo Doris, y Verdín, que dormía en su cama de gato, levantó la cabeza mirándola con esperanza.
Como había empezado a nevar, hacía mucho que no sacaba a los tres a comer buffet.
—Está bien, aunque me da curiosidad, ¿no tienen que hibernar?
Doris sonrió, se levantó de la cama y dijo:
—Hibernan para guardar energía y sobrevivir el invierno, pero a estos no les falta comida.
—Buen punto.
—Entonces ahí nos vemos, bye.
Después de colgar con Doris, le mandó mensaje a Rosalinda.
[¿Ya limpiaste los regalos de Germán? ¿Qué le mandó a tu prima?]
Diez minutos después, Rosalinda contestó.
[Joyas, collares, bolsas, de todo. El último regalo de cumpleaños parece ser una muñeca hecha a mano que se supone se parece a la prima pero no se parece nada. Se ve medio tosca, yo creo que no la mandó a hacer, la hizo él mismo]
[¿Qué hiciste con todo?]
[Pienso regresárselo todo a la familia Benítez para Germán, pero como he estado ocupada con los lives, no lo he enviado]
[Está bien, gracias por el esfuerzo]
[¡No es nada!!]
Al dejar el celular, Higinio bajó la mirada.
¿Augusto?
A ver cuánto dura ese tipo en manos de Dori.
***

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