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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 809

Después de tomar una siesta en Grupo Villar, Doris estaba a punto de regresar a Entretenimiento Estrella cuando recibió una llamada de Tatiana.

—Doris, ven rápido a casa. Damián trajo gente y está buscando a Augusto.

—Voy para allá.

Al colgar, Doris sonrió. Damián sí que tenía buen timing; si se hubiera tardado un poco más en trasladar a Augusto, Damián la habría agarrado con las manos en la masa.

Sin embargo, ella había calculado que, con las heridas de Damián, él estaría demasiado ocupado cuidándose a sí mismo y no tendría tiempo para Augusto en estos días.

—Higi, me voy a casa —dijo Doris poniéndose el abrigo y la bufanda mientras salía del cubículo, dirigiéndose a Higinio que ya estaba ocupado en su escritorio.

Higinio levantó la vista de la computadora, con un brillo en los ojos.

—¿A casa? ¿No ibas a Entretenimiento Estrella?

—Damián llevó gente a la casa de los Palma para buscar a Augusto, tengo que ir a resolverlo —explicó Doris, llegando a la puerta.

—Está bien... por cierto, sobre lo de llevarte a conocer a mis amigos, ya les dije. Quedamos este sábado por la noche en Ají y Limón, ¿te parece? —dijo Higinio antes de que ella saliera.

Doris parpadeó.

—Claro que sí. Me voy a arreglar súper bien para no dejarte en mal delante de tus «brothers». Bye, platicamos en la noche.

Dicho esto, salió y cerró la puerta.

Higinio miró la puerta cerrada de la oficina y sonrió levemente. ¿Quién de sus amigos no conocía a Dori? Todos sabían lo impresionante que era esa chica; no necesitaba arreglarse especialmente.

***

—¿Seguros que no van a abrir? ¡Bien, ya que no quieren arreglarlo por las buenas, tendré que llamar a la policía! —El mayordomo de la familia Carrasco amenazó a los guardias en la puerta de los Palma y luego sacó su celular para marcar al número de emergencias—. Bueno, quiero reportar un secuestro y privación ilegal de la libertad en la mansión Palma, en Avenida del Progreso. Por favor manden una patrulla.

Al colgar, el mayordomo de los Carrasco lanzó una mirada fulminante a los guardias tras el portón de hierro forjado, se dio la vuelta y caminó hacia el auto de lujo estacionado cerca. Le dijo a Damián a través de la ventanilla:

—Joven amo, ya llamé a la policía.

—¿Cómo que me paso? Solo me estoy preocupando por tu patrón. ¿O será que le atiné y de verdad le explotó algo?

—Tú...

El mayordomo estaba a punto de explotar, pero Damián lo interrumpió fríamente:

—Basta. Doris, no vine aquí a discutir contigo.

—¿Entonces a qué viniste? ¿A que vea lo miserable que te ves y me burle de ti? —bromeó Doris.

Damián no quería perder el tiempo con ella, así que dijo con voz sombría:

—¿Está mi primo Augusto en tu casa?

—Ah, mi primo... Sí, vino hace unos días a buscar a su mamá a casa de los Palma, pero hoy ya se fue. ¿A poco no regresó a la casa de los Carrasco? —Doris chasqueó la lengua—. Por cierto, cuando lo vi, traía heridas por todos lados. Si no fuera porque lo encontré a tiempo y lo traje a casa para curarlo, probablemente se habría muerto en la calle.

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