Para sorpresa de todos, al escuchar las palabras de Izan, Enrique azotó la taza de té contra la mesa.
—¡Qué tontería! ¡¿Cómo te atreves a pensar que esto es una maniobra interna de Higinio?!
Al ver al anciano enojado, Izan se quedó callado como una tumba.
Después de un buen rato, dijo con resentimiento:
—Abuelo, el hecho de que nuestra mercancía haya sido retenida por contrabando, aunque no haya sido obra directa de Higinio, ¡seguro que él tiene vela en el entierro!
Izan habló con voz potente y, al terminar, lanzó una mirada afilada al impasible Higinio.
Enrique dijo:
—A ver, explícame, ¿cómo es que tiene que ver?
Ante la pregunta del abuelo, Izan resopló:
—Abuelo, siempre has tenido preferencia por Higinio, ahora solo estás preguntando lo obvio.
Higinio, que no había hablado hasta entonces, dijo con calma:
—Lo que Izan quiere decir es que probablemente ofendí a algún pez gordo e involucré a la empresa.
Izan abrió los ojos con furia y dijo:
—¿Acaso no es así? ¡Mira a esa mujer, Doris, últimamente está haciendo un desmadre en todo Solara! ¡Si se atreve a brincar tanto es porque se apoya en tu poder! Si no estuviera comprometida contigo, ¿tendría las agallas para oponerse públicamente a la familia Carrasco?
—¡Y ahora resulta que hasta expuso en internet quién es el gran protector detrás de los Carrasco!
—Higinio, no digas que no te avisé. Los Villar y los Carrasco siempre hemos sido como el agua y el aceite, pero estos años hemos convivido en paz. Tú no has podido aplastar a los Carrasco precisamente porque sabes que tienen a alguien muy fuerte detrás, ¿no?
—¿Y ahora qué? ¡Doris fue directo a meterse en la boca del lobo! Si lo del contrabando no lo hiciste tú, ¡entonces seguro fue ese personaje al que Doris ofendió! ¡Y mira, ya vinieron a darnos una lección para bajarnos los humos!
—Bájale a tu coraje —dijo Enrique al ver a Izan tan alterado, e hizo un gesto al mayordomo para que le sirviera una taza de té.
Izan no se atrevió a contradecir al abuelo, así que tomó la taza y se la bebió de un trago.
Izan no quería caer en el juego de Higinio, así que dijo:
—¡Higinio, no te vayas por las ramas!
—No me voy por las ramas, hablo de los hechos —dijo Higinio—. Las industrias en África habían estado en paz desde aquellos disturbios iniciales al abrir mercado. Pero esta vez hubo un error garrafal. ¿No deberían tú y Hugo ser los primeros en hacer un examen de conciencia?
Izan rugió furioso:
—¿Acaso el problema actual lo causamos mi papá y yo? ¡Claramente es tu prometida, esa revoltosa de Doris! —su voz retumbaba en la habitación, cargada de ira y acusación.
Higinio lo miró inexpresivo y preguntó secamente:
—¿Y qué quieres que haga?
Izan respondió sin dudar:
—¡Romper el compromiso con Doris! ¡Saca un comunicado y corta toda relación con la familia Palma de una vez!

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