Entrar Via

Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 825

Como era la hora de salida, muchos empleados se habían juntado alrededor de la recepción de Grupo Villar para ver el chisme.

Doris no veía a la persona, pero por la voz ya sabía perfectamente quién estaba haciendo el escándalo.

—Germán Rosales, ¿ahora qué berrinche estás haciendo? —preguntó Doris con resignación al cruzar las puertas automáticas de cristal.

Germán, a quien los guardias de seguridad le impedían el paso, volteó al escuchar la voz. Al ver que era Doris, la mujer que traía en la cabeza, la furia en su cara desapareció y fue reemplazada por una sonrisa radiante.

—Doris, ¿qué haces aquí?

Pero apenas terminó la pregunta, la cara de Germán cambió otra vez y se contestó solo:

—¿Vienes a buscar a Higinio?

En ese momento, la recepcionista dijo con tono de hartazgo:

—La señorita Palma viene todos los días a buscar al señor Villar para darle tratamiento en las piernas.

—¿Qué? ¿Todos los días busca a Higinio? ¿Para curarle las piernas? —La cara de Germán se puso peor y alzó la voz—: ¿Y cómo es ese tratamiento? ¡No me digas que se tiene que bajar los pantalones!

Al soltar esa frase, todos los empleados que estaban de mirones cambiaron de expresión y miraron a Doris con morbo y miradas complejas.

La recepcionista saltó de inmediato a defenderla:

—Oiga, ¿qué le pasa? ¿A poco cuando usted va al hospital a que le pongan una inyección en las pompas no se baja los pantalones? ¿Qué, eso es algo sucio o qué? Además, la señorita Palma es la prometida del señor Villar, ¿cuál es el escándalo? Más bien usted, que no tiene nada que ver con la señorita Palma, ¿con qué derecho viene a decir esas cosas?

Doris venía a diario a Grupo Villar y apenas saludaba a la recepcionista con un gesto, casi ni hablaban. No se esperaba que la chica se convirtiera en su defensora y hablara por ella.

Germán también reaccionó, dándose cuenta de que sus palabras podían meter a Doris en chismes.

—No quise decir eso... es que... no me parece justo.

Doris miró a Germán sin ninguna expresión y le dijo fríamente:

—Germán, tú y yo ya no tenemos nada que ver desde hace mucho, así que no necesito tus regalos de cumpleaños. Aunque me lo trajeras tú mismo, no lo aceptaría. Y encima, se te ocurre dárselo a mi prometido. ¿No acabas de decir muy seguro que no eres estúpido? ¡Pues ahorita pareces el rey de los estúpidos!

El tono de Doris se volvió más helado, como si sintiera puro asco e impaciencia hacia Germán. Continuó:

—Deja de molestarme. Cada vez que te apareces frente a mí, solo logras que me caigas peor.

En ese justo momento, las puertas del elevador privado de la presidencia se abrieron lentamente. Manuel salió empujando la silla de ruedas de Higinio.

La aparición de Higinio atrajo las miradas de todos al instante, especialmente de las empleadas nuevas, que no pudieron evitar suspirar en voz baja:

—¡No manches! ¡Sí está tan guapo como dicen!

—¡Qué suerte trabajar en Grupo Villar! Nada más con poder verle la cara al señor Villar de vez en cuando, ya valió la pena.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida