Los espectadores de la transmisión, viendo a Doris con esa expresión tan tranquila, no pudieron evitar comentar:
[¡No manches, hay que admitir que esta mujer tiene una mentalidad de acero! Pasó algo tan grave y no tiene ni una pizca de culpa.]
[¡Eso se llama tener la conciencia tranquila!]
[La neta, ¡ya hasta me están dando ganas de creerle! Si no, cualquier persona que hubiera hecho algo malo se escondería en lo oscurito, ¡no estaría ahí tan campante como ella!]
[Yo siempre he creído en Doris. ¡Ella es la justiciera de la élite!]
***
Quienes seguían esta transmisión, además de Damián, incluían a muchas otras familias de la alta sociedad.
Por ejemplo, Germán.
Aunque había decidido no molestar más a Doris, al enterarse de que estaba en problemas, no pudo evitar estar al pendiente.
Estuvo pegado a la transmisión de Doris todo el día.
Incluso viéndola solo a través de la pantalla, ya se sentía satisfecho.
Doris... seguía siendo la misma, sin miedo a nada ni a nadie.
—¿No que no ibas a molestar a Doris y sigues ahí al pendiente? —se escuchó la voz de Sabina en ese momento.
Germán respondió:
—Ya decidí no molestarla, ¿pero verla no está prohibido, o sí?
Sabina dijo:
—Está bien. Mientras no vuelvas a dejar en ridículo a la familia Benítez... Uy, pidió comida, y llamó a los repartidores de nuestra empresa.
—Qué buena actitud tiene, en un momento así y todavía puede ponerse a preparar un guisado ahí en plena escena con tanta calma.
—Si fuera yo, no podría hacerlo.
Germán dijo con mucho orgullo:
—¿Tú te puedes comparar con ella? Claro que no podrías.
Sabina levantó la mano y le dio un zape en la cabeza.
—Te doy alas y ya me hablas así.
Germán volteó enojado:

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