El chat de la transmisión se llenó de mensajes frenéticamente:
[¡O sea que todo esto Doris ya lo tenía planeado y calculado!]
[¿Qué calculado? ¡Eso se llama tener cerebro y agallas!]
[Solo puedo decir una vez más, ¡esta mujer es una chingona!]
[Miren a esa familia de tres, están más gordos que las niñas. ¡Viejos miserables, y todavía se atreven a usar a las niñas para dar lástima!]
[¡A la cárcel! ¡Que agarren a esos tres animales! No les bastó con lucrar con la muerte de su esposa y nuera, ¡también maltrataban a las niñas! ¡Que los encierren!]
[¡Desde hoy, Doris es mi diosa!]
[¡Doris ya era mi diosa desde antes!]
Viendo que la opinión pública ya estaba totalmente de su lado, Doris se dirigió a los policías que mantenían el orden:
—Oficiales, tengo pruebas contundentes de que esta familia fue instigada por alguien para venir a hacer este escándalo. Cuando vean estas pruebas, podrán arrestarlos de inmediato. Su alboroto aquí no solo afectó gravemente la operación de Médica Palma, sino que también nos causó enormes pérdidas económicas. ¡Así que he decidido demandarlos para que nos paguen los daños!
Apenas Doris terminó de hablar, el hombre y los dos viejos saltaron como si les hubieran pisado la cola, tirándose al suelo a hacer berrinche y gritando que eran inocentes.
Pero esta vez, sus lamentos no sirvieron de nada.
Porque Doris, frente a más de treinta medios y la audiencia en vivo, mostró sin dudar las pruebas que tenía.
Era un video clarísimo donde se veía a la familia de tres reuniéndose con un hombre misterioso y recibiendo dinero.
¡Pruebas irrefutables!
Ante tal evidencia, todos se quedaron callados.
Incluso la familia que intentaba defenderse se quedó como si les hubieran quitado el alma, desplomándose en el suelo sin poder decir ni pío.

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