La cara de Iván cambió drásticamente.
—¡Jefe, mejor mátela de una vez!
El subordinado que vigilaba la puerta sacó su arma de inmediato e irrumpió con la intención de silenciarla.
Sin embargo, antes de que pudiera apuntar a Doris, el arma se le escapó de las manos y cayó al suelo.
Acto seguido, una serpiente negra, Negrito, que salió de quién sabe dónde, envolvió la pistola del suelo y se deslizó hasta Doris.
Doris tomó el arma y apuntó a Iván.
El subordinado, pálido del susto, quiso correr para proteger a Iván, pero su cuerpo se entumeció y pronto cayó paralizado al suelo.
—¡Bang! —Doris alzó ligeramente el cañón, fingiendo disparar y haciendo el sonido con su propia boca.
Iván miró de reojo a su fiel subordinado caído, pero no dijo nada.
Doris hizo girar la pistola entre sus dedos y sonrió.
—Antes de venir, ¿no investigaste bien mis métodos con Damián? ¿Te atreviste a venir a verme solo con este achichincle?
Dicho esto, se respondió a sí misma:
—Ah, ¿será que ya preparaste tu salida? ¿Si te pasa algo esta noche, la gente de afuera atacará con todo el armamento?
Iván no esperaba que ella conociera sus movimientos tan a detalle. Su rostro calmado empezó a mostrar nerviosismo.
Al ver que seguía sin hablar, Doris dijo:
—Te lo voy a decir: estoy esperando justamente a que lances el ataque armado. Después de todo, solo así podré confirmar tu abuso de poder y tu crimen de intentar volar Pueblo de la Luna.
Iván finalmente perdió la compostura y dijo con ferocidad:

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