[Aunque yo también soy fan de Doris, prefiero no molestar. Me conformo con ver noticias de ella y Higinio en internet.]
—Clic.
Doris estaba entretenida con el celular cuando se abrió la puerta del baño.
El vapor salió de la habitación.
Doris levantó la vista instintivamente y sus ojos se encontraron con los de Higinio en el marco de la puerta.
En ese instante, sintió la garganta seca y tragó saliva involuntariamente.
La razón era simple: el Higinio frente a ella lucía muy diferente al de la noche anterior.
Anoche llevaba una bata holgada y elegante; ahora, solo traía una toalla delgada en la cintura, dejando ver su cuerpo firme y musculoso, irradiando un encanto irresistible.
—Higi, ¿me estás seduciendo descaradamente? —preguntó Doris.
Higinio se secaba el cabello mojado con naturalidad. Al escucharla, alzó una ceja y puso cara de inocencia:
—¿Qué?
Uy, qué tono tan inocente, qué mirada tan pura.
¡Falso!
¡Estaba fingiendo!
Doris retiró la mirada y decidió seguirle el juego.
—Nada, solo decía que esa toalla está bonita.
Dicho esto, bajó la cabeza y siguió viendo su celular.
Si Higinio quería provocarla así, seguro tenía un plan, pero si él iba a hacerse el tonto, ella también jugaría a eso.
¡A ver quién cae primero!

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