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Mojada Por Papito romance Capítulo 2

Punto de vista de Chloe

“Tú no te mueves en la cama como lo hace Sylvia”. Aquellas palabras repicaban en mi cabeza como una campana fúnebre.

Me quedé helada. Intenté forzar alguna palabra, pero mi boca se negó a cooperar. Mi cerebro era incapaz de procesar lo que acababa de escuchar. Las lágrimas fluían libremente por mi rostro.

—Siempre lo hice como tú querías, de la forma en que siempre me decías que te gustaba —mi voz apenas era un susurro—. ¿Incluso después de eso, elegiste destruirme con mi mejor amiga?

—Ya, shhh... basta de sermones. Como verás, estábamos muy ocupados cuando entraste y aún no hemos terminado nuestro asunto. Lárgate de aquí, pedazo de idiota —Sylvia sonrió mientras caminaba hacia la puerta, todavía totalmente desnuda, con sus tetas balanceándose de un lado a otro.

Inclinó la cabeza, con los ojos brillando de malicia.

—Ahí está la salida —señaló la puerta.

Jack se cruzó de brazos, de pie junto a la cama, con una sonrisa cruel bailando en sus labios.

—Ya la oíste, señorita. Retírese ahora mismo.

Retrocedí tambaleándome. Me dolía todo el cuerpo. Sollocé sin control.

—Te amaba, Jack.

—Lo sé —dijo Sylvia suavemente mientras se acercaba a mí. Me apartó el pelo de la cara con una sonrisa falsa. Me rompía el alma que a quien yo llamaba mi mejor amiga fuera capaz de hacerme esto.

—Jack, por favor, dime que todo lo que tuvimos no fue mentira. Dile a Sylvia que solo me has amado a mí —supliqué entre sollozos.

Jack no mostró ni un ápice de remordimiento; se mantuvo frío viendo las lágrimas en mis ojos. Supe que había perdido.

Sylvia regresó con él, le agarró la verga y empezó a acariciarla de nuevo, sin importarle mi estado. Y el muy desgraciado soltó un gemido profundo. Él le tocó los pechos y empezaron a besarse y a manosearse con brusquedad mientras caían sobre la cama.

Algo dentro de mí se quebró. Salí de la casa a trompicones mientras me limpiaba las lágrimas, apenas consciente de cómo se movía mi cuerpo.

Caminé por el sendero solitario bajo la lluvia, con el viento mordiéndome la piel, pero no me importaba. Todo se sentía... vacío. Pensé que gritaría, pero no lo hice. No pude. El silencio era más fuerte.

Pensé en cómo solíamos ser. No sabía a dónde me dirigía, pero mis pies me llevaron hacia las afueras de la ciudad.

—¡Que se pudra! —mascullé con rabia.

—¡Otro! —ladré.

—¡Ja! ¿Acaso tienes ganas de morir? —exclamé.

Antes de que pudiera decir otra palabra, el hombre me agarró del brazo.

—¡Oye! ¡Si cuento hasta tres y no me sueltas, te vas a arrepentir! —grité furiosa.

Pero ya había empezado a arrastrarme. De inmediato, le solté una patada en los huevos; él gritó y me soltó el brazo. Salí corriendo de inmediato. Al girarme mientras huía, vi que el testarudo aquel me perseguía.

—¡Mierda! ¿En qué lío me he metido? —murmuré para mis adentros.

Llegué al vestíbulo, probando cualquier puerta que encontraba para ver si alguna estaba abierta.

—¡Detente ahí, bruja! —me gritó el tipo, casi alcanzándome.

Por suerte para mí, empujé una puerta a mi derecha que decía "VIP" y se abrió. Salté adentro de inmediato y eché el cerrojo.

—Gracias a Dios —respiré aliviada.

—¿Qué haces ahí? Trae tu trasero aquí de una vez, no soy muy paciente.

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