Pol frunció el ceño: "¿Para qué quieres las llaves del carro? ¿No me dirás que vas a manejar tú misma hasta la escuela?"
Jazmín levantó una ceja: "Síp".
Pol se quedó de piedra, pensando que algo andaba mal con sus oídos.
¿Acaso estaba bromeando?
¿Manejar? ¿Ella sabía cómo?
¿Qué sabría manejar una campesina de pueblo?
¿El tractor?
"¿Algún problema?" Jazmín habló con una calma que dejaba claro que tampoco quería que Pol la llevara, "No necesitas llevarme, puedo ir a la escuela por mi cuenta".
Jazmín sabía que a Pol no le caía bien.
Casualmente, ella tampoco lo podía ver ni en pintura.
Si ninguno se aguantaba al otro, no había razón para forzar las cosas.
Pol la miró convencido de que no estaba bromeando, y no pudo evitar reírse con un dejo de sarcasmo: "¿Así que vas a manejar tú sola hasta la escuela? ¿Estás segura? Después no le vayas a decir a Bosco que yo no te llevé".
Sacó las llaves del carro y se las lanzó a Jazmín, mirándola con desprecio: "Una camioneta Range Rover, ¿estás segura de que puedes manejarla?"
*
Diez minutos después, Pol se quedó boquiabierto al ver a Jazmín sacar la camioneta Range Rover negra del garaje.
La Range Rover negra pasó zumbando a su lado, levantando una ráfaga de viento, y en un parpadeo ya había salido de la villa.
La velocidad era como si volara.
Pol se quedó pasmado, con una cara de asombro como si hubiera visto a un extraterrestre.
La campesina... ¿realmente sabía manejar?
¿Y además sabía manejar una camioneta Range Rover?
¿Dónde había aprendido???
*
Apoyó una mano en el volante, cerró los ojos y se tomó casi un minuto para recuperarse.
*
A su alrededor, comenzaron a sonar bocinas estridentes.
Los dos accidentes seguidos bloquearon la carretera de inmediato.
Pronto, un oficial de tránsito llegó al lugar.
Jazmín desabrochó el cinturón de seguridad, abrió la puerta del carro y bajó.
El oficial estaba a punto de tocar su ventana cuando vio abrirse la puerta del carro, y de ahí bajó una chica joven y bonita de aspecto vivaz.
La joven debía tener unos dieciséis o diecisiete años, vestía una camiseta blanca, jeans azul claro y zapatillas de lona del mismo color, su pelo negro y brillante estaba recogido en una cola de caballo fresca.
Una carita pequeña con facciones delicadas que no parecían reales, y una piel fina y perfecta.
En conjunto, era imposible no voltear a mirarla.
El oficial se quedó atónito por unos segundos antes de volver en sí.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Niña en sus ojos, Reina en su tierra