ALFA RASTUS:
—Solo quiero quedarme en la cama con mi esposa. ¿Es demasiado? —gemí contra el cabello de mi amada.
—Hemos estado en cama durante los últimos diez días, Rastus. Creo que eso es suficiente…—respondió mientras se retorció en mis brazos.
—Nunca me canso de ti, Agnes. Siempre quiero más. —La interrumpí, inhalando el aroma de su cabello mientras la atraía hacia mi pecho, frotando mi erección contra sus suave trasero.
Ella se rió entre dientes, disfrutando este momento tanto como yo.
—Tenemos planes para hoy, Rastus. Realmente deberíamos hacerlo —dijo.
Sólo tenía que recordarme a Larisa y Jake.
El plan era reunir a la manada en la plaza de la manada y castigar públicamente a Larisa y Jake, pero tras muchos días deliberando, no se me ocurrió el castigo adecuado para ellos dos. No los quería muertos porque matarlos sería demasiado fácil, pero tampoco quería mantenerlos encerrados para evitar cualquier sorpresa que perturbara la paz que Agnes que se había esforzado tanto por crear.
No habrá sorpresas futuras de parte de estos dos.
"¿Exilio?" sugirió Lex.
No podía aceptar eso. Larisa podría regresar fácilmente con las brujas en el mundo humano, su aquelarre, y volver para hacer más daño.
"Entonces mátala", se quejó Lex dentro de mí, mis pensamientos interrumpiendo claramente la dicha de tener a Agnes en nuestros brazos sin los niños o la familia alrededor.
—No hay castigo adecuado y créeme que ya la he torturado bastante. Soy yo quien debe dejarlo ir y cerrar este caso. Mató gente, merecía morir —mi hembra murmuro antes que pudiera responder.
Ella escuchó mis pensamientos, lo cual no fue sorprendente ya que había llegado a aceptar el hecho de que nunca podría ocultarle nada.
—Terminemos con esto de una vez. Tenemos el resto de nuestra vida para estar abrazados. —Agnes me animó justo cuando las voces susurrantes de los gemelos resonaban en mis tímpanos. Ella puso los ojos en blanco—. Ya están aquí otra vez. Será mejor que nos vistamos antes de que lleguen.
Nos vestimos rápidamente y cuando los gemelos entraron a la habitación nos recibieron a Agnes y a mí. Llevan haciéndolo desde que los obligamos a dormir en sus habitaciones. Después de unos minutos en familia, Agnes les pidió a los gemelos que nos dieran privacidad para refrescarnos antes de ir a la plaza de la manada.
Si fuéramos a derramar la sangre de Larisa, preferiría refrescarme después, pero como sabía que olía a sexo fresco, tuve que hacerlo. No se permitía la presencia de niños durante la ejecución, así que los cachorros tuvieron que quedarse en casa con Maya.
Agnes y yo decidimos correr a la plaza en lugar de conducir hasta allí, y para cuando llegamos, los miembros de nuestra manada ya estaban esperando. Le hice una señal a Seth para que sacara a los infractores mientras Agnes y yo nos parábamos frente a la gente.
—Buenos días, miembros de la manada Bosque Lunar y Sombra Blanca —comenzó Agnes. Se ha decidido que los lobos blancos se quedarán en mi manada y se mezclarán con mi gente, pero también reconstruirán su manada anterior, reclamarán sus tierras y visitarán el lugar de vez en cuando—. Es hora de castigar a alguien que una vez fue querido en esta manada.
—¡Nunca la amamos! —exclamo alguien desde atrás—, ella nos encantó y nos engañó para que te odiáramos, nuestra destinada y preciosa Luna.
El resto de la multitud estuvo de acuerdo con él, asintiendo y refunfuñando.
—Larisa nos obligó a hacer muchas cosas, pero también participamos en todo. —Dije interviniendo—. Aunque la culpamos, también deberíamos enmendar nuestros errores y convertirnos en mejores versiones de nosotros mismos. Solo así podremos seguir adelante».
Agnes me miró con orgullo. Sí, había crecido. Sabía más y estaba decidida a hacer lo mejor por mi familia y mi manada.
—Entendido, Alfa —dijo nuestra gente al unísono.
Asentí justo a tiempo para que Seth y otros hombres arrastraran a Larisa hacia adelante. Era la primera vez que la veía desde que recuperé el conocimiento y finalmente entendí por qué Agnes decía que ya la había torturado lo suficiente.
El cabello de Larisa, que solía ser largo y sedoso, había sido cortado. Estaba casi calva, con mechones sucios que apenas le llegaban a los hombros. Podía ver marcas por todo su cuerpo. Su ropa estaba rasgada y parecía más bien un trapo endeble. No podía apoyarse en los pies y, cuando gritó, noté que le faltaban algunos dientes.
Mi compañero logró destrozar a Larisa sin matarla. Si Agnes hubiera sido la que estuvo inconsciente en la cama durante meses, no habría podido mantener viva a Laris.
La habría matado.
"¿Quién te dijo que no la maté?" La voz de Agnes resonó en mi mente. "Solo sé cómo sanar. Se convirtió en mi laboratorio y perfeccioné mi habilidad con ella."
A pesar de los gritos de Larisa, Agnes y yo nos miramos a los ojos y nos sonreímos pero llegó el momento en que Helen salió corriendo de la nada, llorando con su hija.
—Por favor, perdónala. La entrenaré mejor. Todo esto es culpa mía. Por favor, déjala vivir y no la volverás a ver. Puedo llevármela, pero por favor, no me la arrebaten. Es todo lo que me queda —lloró Helen, suplicando con vehemencia.
Tal vez mi corazón se habría dolido por ella si no pensara en las familias de las personas que Larisa encerró y torturó en su guarida oculta.
Tal vez habría sentido pena por Helen si Larisa no hubiera secuestrado a mi cachorro, y lo habría matado si Agnes no hubiera encontrado al mentiroso.
Pero no sentí lástima por ella, ni siquiera cuando sacó una daga y amenazó con suicidarse para pagar por los pecados de Larisa.
—Preferiría morir antes que verte matar a mi hija —gritó Helen.
—Entonces muere.
Después de todo, la única razón por la que no la maté fue para usarla como cebo para atrapar a Larisa, quien ahora era mi prisionera. ¿Por qué nos importa si ambas mueren? ¿Eh?
Hola mis hermosas Toxi-Lobunas, más a rato viene un buen maratón!!!

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No me detendré hasta recuperarte, mi luna!