PUNTO DE VISTA DEL AUTOR;
—Hazlo. —Su desafío ardía con la misma intensidad que el rubor en sus mejillas.
—Muéstrame que eres mi alfa, Rastus.
Su cuerpo vibró con más fuerza, el deseo y restricción. Podía sentir a su lobo, alzarse clavándole las garras.
"No, aléjate de esto. No te necesitamos aquí". Le rugio a su lobo en su mente.
—Tal vez Tristán sería un mejor alfa —se burló Agnes desafiandolo, sabiendo que su macho no queria tocarla por el sexo duro de la noche anterior, aunque le parecia dulce que intentara cuidarla y pensar siempre en su bienestar antes que sus propios deseos—. Es lo suficientemente fuerte como para sujetarme y darme lo que, necesitó.
El rugido que le partió la garganta fue animal, silenciando el bosque que los rodeaba... y todo se volvió borroso.
Apenas se dio cuenta de que la volteó. Ahora, ella yacía boca abajo, con él apretado contra ella, sujetando sus manos por encima de su cabeza, con la cara pegada al suelo. Apenas se cuenta de que le separó los muslos con las rodillas, con movimientos rápidos y bruscos y se hundió dentro de ella.
Ella gimió, arqueándose hacia él y moviéndose mientras trataba de adaptarse a él, pero él no le dio ninguna oportunidad.
La folló duro, sin restricciones, golpeándola contra el suelo.
Cada caricia alimentaba a su lobo, cada grito de sus labios alimentaba el placer que lo recorría.
—Si —gimió Agnes con un grito entrecortado—. Oh, dioses, qué lleno, qué rico, uf, qué grande... ¡Más! —gemidos salía de sus labios mientras su voz cambiaba con cada sonido.
Gemidos, gritos, jadeos desesperados. Ella se estremeció bajo él, aguantando cada embestida.
El sexo era todo lo que él le había advertido y más.
Era salvaje y animal.
Lo había intentado, maldita sea, había intentado contenerse, disminuir la velocidad, pero su control estaba completamente quemado.
Necesitaba saber, sentirlo en los huesos y en el alma, que era suya. Hecha para él y solo para él.
¡Y él se encargaría de grabar ese conocimiento en ella hasta que no quede ninguna duda!
Ella lo apretó como un tornillo de banco, su grito desgarró el bosque mientras llegaba al orgasmo.
Alfa Rastus soltó una tormenta con una serie de vulgaridades que nunca usaría en un día normal mientras su empuje se atrofiaba.
Su estrechez exprimió su liberación, estrangulándolo tan bien, arrastrándolo hacia una marea de sensaciones tan grande que pensó que podría... perder la maldita cabeza.
Sus manos sujetando sus muñecas se apretaron mientras él reanudaba el sexo dentro de ella nuevamente.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No me detendré hasta recuperarte, mi luna!