—No puedo hacer eso. —Solté antes de que pudiera pensar en el efecto que mis palabras tendrían en todos los presentes.
Y por todos, me refiero a Susanna, Seth, Andrew, Otis y Benji, quienes fueron anunciados oficialmente como alfas de la manada Piedra Lunar ayer por la tarde después del funeral que su pueblo tuvo en honor a sus muertos, Jeremy, Tamia, Lori y, por supuesto, Rastus, un hombre que he estado anhelando tener dentro de mí durante los últimos dos días y dos noches.
—¿Por qué no? —Jeremy me preguntó con respeto, pero con un toque de burla.
Como anciano, ha sido cuidadoso conmigo desde que Tamia me nombró líder de los lobos blancos, una posición con autoridad que no uso a menudo porque todavía me estaba entrenando para convertirme en una mejor líder, mejor reina para ellos.
Quizás debería retroceder un poco.
Esta mañana temprano, Rastus vino al departamento a recogerme para una reunión improvisada que programó con los lobos blancos. Él ha estado durmiendo en su oficina durante las últimas dos noches porque él y yo no podíamos estar en la misma habitación sin quitarnos las manos de encima.
Teníamos hambre de tocarnos el uno al otro... Porqué el brebaje que me dio Phoebe han aumentado mi deseo, alterando mis hormonas. Así que Rastus tuvo que mantenerse alejado a pesar de que todavía no le había dicho la verdadera razón por la que no quería quedar embarazada.
Tan pronto como llegamos al departamento de los lobos Blancos, Rastus llamó a Jeremy y a los demás
¿Quién iba a imaginar que la atmósfera luminosa se volvería espesa tan pronto como empezáramos a discutir asuntos serios de la manada que se referían únicamente a que Jeremy usara su habilidad para fortalecer a los guerreros de Bosque Lunar pará la guerra?
—Pero no puedo hacer eso, alfa Rastus.
Levanté las cejas. —¿Por qué no?
—Porque no puedo empoderar a todos los guerreros. Si hago esto solo, tus guerreros morirán, alfa Rastus —respondió Jeremy, mirándolo.
—¿Hay algo que podamos hacer? Tenemos que cubrir a todos los guerreros hasta que Tamia pueda revertir el hechizo de Larisa. —Rastus murmuró, esperando una salida a pesar de que todos sabíamos que las tácticas de Larisa podían cambiar porque se había corrido la voz de que habíamos abierto la manada a sobrevivientes o refugiados; ayer llegaron más de ellos a la manada y sentimos que venían más en camino.
Sería estúpida si no cambiara de táctica.
Al mismo tiempo, seríamos estúpidos si no nos preparásemos para lo que sea que nos depare.
—Si hay alguien más con tu habilidad en tu manada —sugirió Rastus y todos los ojos se volvieron hacia mí.
—Jeremy es el último Beta y la única persona que puede dominar su habilidad es Agnes —Susanna expresó.
—Ella puede empezar a aprender ahora y juntos, creo que podremos mantener la línea del frente el tiempo suficiente para que Mia haga lo suyo. —Jeremy estuvo de acuerdo con Susanna.
Y mientras todos pensaban que era una buena idea, un millón de pensamientos pasaron por mi mente. Apenas sobrevivía porque ser reparadora fue difícil y ni siquiera he podido devolverle la vida a nada, necesitaba dedicarme salvar a Rastus.
No había manera de que pudiera manejar el entrenamiento de ambas habilidades al mismo tiempo.
Me puse de pie, frente a Jeremy.
—Déjame saber el horario de entrenamiento cuando lo averigües. Creo que llego tarde al entrenamiento de la mañana.
Después de mirar a Lori, salí hacia la sala de estar, dirigiéndome hacía la cabaña purificadora para entrenar. Pensé que Lori me seguiría, pero en lugar de eso, Rastus salió corriendo detrás de mí.
La Diosa sabía que no estaba de humor para pelear con él ya que apenas podía contener las lágrimas de frustración, pero él no se dio cuenta...
—¿¡Estás planeando acabar con tu vida!?
Sus palabras rompieron algo en mí a pesar de que sabía que él estaba tan asustado como yo por lo que nos costaría mi decisión...
Para él, era yo...
Pero para mí, era él y todo lo que se ha convertido en mi vida desde que descubrimos la verdad y decidimos elegirnos el uno al otro por encima del dolor del pasado.
—Estoy planeando prolongar mi vida —comencé a decir, pero Rastus todavía estaba descontento.
Y no dejó de arremeter contra mí.

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