—¿Por qué no podemos pasar la noche aquí, en casa, mamá? —preguntó Kyle con una actitud que sin duda heredó de su hermana.
—Sí, mamá. ¿Por qué tenemos que pasar la noche en casa de la abuela? Quiero quedarme aquí contigo y papá. —Katie apoyó a su hermano.
Iris, que estaba detrás de los cachorros, se llevó una mano al corazón.
—¡Ay! La abuela tiene sentimientos, ¿saben?
Juntos, murmuraron una disculpa a su abuela, quien los miraba con el mismo amor que había en sus ojos la primera vez que los vio.
A pesar del estado de Rastus, Iris había mantenido su... aura de confianza. Aunque todos sabíamos que estaba sintiendo dolor al ver a su hijo en esta situación, no dejó que la consumieran como yo una vez.
Miré a mis cachorros, pensando en una explicación mejor y menos para adultos, algo que no dijera "Tendré sexo con tu papá esta noche con la esperanza de despertarlo para que todos podamos vivir felices para siempre".
Al final me conformé con decir una mentira piadosa para proteger la inocencia de sus mentes inocentes lobunas.
—La abuela extraña tenerlos en casa esta noche. Me rogó que los dejara pasar la noche con ella.
No tuve que mirar a Iris para saber que me apoyaría.
—Sí que se lo rogué —dijo.
—¿Seguro que no piensas pasar la noche con la bruja malvada que hechizó el corazón de papá? —soltó Katie sin creer.
Los ojos de Kyle casi se salieron de sus órbitas cuando las palabras de su hermana resonaron.
—No hagas eso, mamá. ¿Y si ella también te lastima a ti? —dijo sumamente asustado
¿Ves? ¿Inocencia y quién no querría proteger eso?
—Créanme, mis pequeños cachorritos de mama, pasaré la noche en la cama junto a su papá —dije antes de poder cambiar mi elección de palabras, ya que Iris debió haber captado el subtexto.
Por suerte, Iris no hizo ningún comentario. De hecho, les dijo a los niños que se fueran con ella, y en cinco minutos, estaba sola en la casa grande con Rastus. ¡Y pensar que todavía no he recorrido toda la casa desde que nos mudamos!
Estaba esperando que Rastus estuviera a mi lado así cuando ejecuté a Larisa, estaba esperando recorrer nuestra casa con él a mi lado.
Exhalé antes de dirigirme con cautela al dormitorio para poner en práctica la idea de Susanna.
Sí, empiezo la luna de miel con mi esposa, alfa y mi mate.
Consciente o no.
Honestamente no estaba de humor para tener sexo porque parecía extraño y se volvía más extraño a medida que me acercaba al dormitorio, pero la idea de que Rastus se despertara después de hacer esto con él estaba creando excitación entre mis piernas.
Ese pensamiento me mojó.
¡Diablos! Me puso de humor.
Con las palabras de mi loba en mente, seguí mi instinto, tocando el rostro de Rastus y recorriendo sus labios con los dedos.
Me subí encima de él, mis labios flotando sobre los suyos, y en ese instante, recordé los días en que estuvimos en esta posición y cómo nos mirábamos a los ojos, cautivados el uno por el otro.
Ese recuerdo me hizo gemir, mi cuerpo recordando cómo se sentía tener a Rastus mirándolo, tocándolo y haciéndole el amor.
Besé sus párpados suavemente, intentando no sentarme sobre él mientras le cubría la cara con besos húmedos. Mentiría si dijera que su falta de respuesta no me desagradó, pero seguí adelante de todas formas, bajando mis labios hasta su cuello y pasando la lengua por su marca... la misma que le había hecho.
Lentamente, fui a sus pezones. Luego a su vientre, saboreando cada parte de él como él solía hacerlo conmigo.
Finalmente besé la punta de su polla y sentí que se apretaba.
La primera reacción que obtuve de él desde que comencé a tocarlo... la primera.
—Se movió —gemí, mientras las lágrimas llenaban mis ojos rápidamente.
Pensé que podría llegar hasta el final con este plan, pero en cuanto el pene de Rastus se contrajo en mi mano, las emociones se apoderaron de mis sentidos y rompí a llorar.
Lloré al darme cuenta de que aún así no abría sus ojos.. y me miraba tan intensamente como amaba que lo hiciera.
Rápidamente la melancolía se apoderó de mi, conjunto a las emociones de mi lobo que estaba en silencio, pero dolida y desecionada acurrucada en un rincón de mi mente con las orejas caídas.
Me olvidé del plan que tenía mientras me acurrucada entre sus cálidos brazos, llorando hasta quedarme dormida, abrazando su cuerpo desnudo.

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