La expresión de Noel era sombría y fría.
—¿Cómo que debería? ¿Acaso crees que todo lo que tú quieras hacer es lo que se debería hacer?
A Jovita se le encogió el corazón.
—Noel, ¿qué te pasa? ¿Por qué me hablas así de repente?
Noel frunció el ceño, tratando de contener la ira que le ardía en el pecho.
—Decidiste llamarla hermana, ¿le preguntaste si quería? Le compraste ese vestido, ¿le preguntaste si le gustaba o si lo necesitaba? La arrastraste a conocer a tus padres, ¿le preguntaste si estaba de acuerdo?
—Todo ha sido por tu propia iniciativa, armando las cosas a tu manera. Desde el principio, jamás te detuviste a preguntar si a ella le parecía bien o si se sentía cómoda.
—Tú sabes perfectamente que la familia Larco la echó a la calle. Sabes que no tiene a sus padres y que está completamente sola en el mundo. Y aun así la obligaste a verte actuar como una niña mimada frente a tus padres, a ser testigo del amor y la protección que te dan.
—¿Cómo crees que la hiciste sentir? ¿No pensaste que eso le dolería?
—Yo... —Jovita se quedó sin palabras—. No lo pensé así.
Noel soltó un pesado suspiro.
—No me hagas pensar que lo hiciste a propósito.
Jovita se sobresaltó.
—¡Cómo crees! ¿Por qué lo haría a propósito? No tengo ningún problema con ella, ¡no hay motivo para hacer algo así intencionalmente!
—Noel, te doy la razón en que no tomé en cuenta sus sentimientos. Pensé que como ella es tu mano derecha, debía tratarla bien. Fue una forma de mostrarte apoyo.
—Pero si me acusas de hacerlo con mala intención, de verdad que no puedo aceptarlo. Que me digas algo así me lastima mucho.
La mirada de él recorrió el lugar, buscando esa figura solitaria.
Por desgracia, no la encontró.
La mente de Noel era un caos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó