"¡Basta! Quien diga una palabra más sobre este tema, ¡se larga de la familia Sierra!"
Julio gritó con furia, y de inmediato, todos los presentes se quedaron en silencio.
Aunque Julio siempre era amable y fácil de tratar, cuando realmente se enojaba, nadie se atrevía a provocarlo.
"Gracias, tío".
La voz de Fernanda apenas fue un susurro.
Ella sabía que divorciarse de Sebastián en este momento significaría tiempos difíciles para la familia Sierra, pero juró que esos días no durarían mucho.
En la noche, Fernanda se quedó en la casa de la familia Sierra. Después de despedir a los parientes lejanos de la familia Sierra, Julio llamó a Fernanda a su estudio.
Julio había envejecido mucho en estos años, y en este momento, su expresión estaba llena de preocupación por ella: "Fernanda, ¿Sebastián realmente no te trató bien?"
"No es que me tratara mal, simplemente no me quiere".
"¿Y tú?"
Fernanda guardó silencio por un momento.
Había amado a Sebastián hasta lo más profundo de su ser.
Pero ahora, ella ya lo había superado.
Julio miró la expresión en el rostro de Fernanda, extendió su mano para darle unas palmaditas en el hombro y suspiró: "Fernanda, lo siento por lo que has pasado".
Fernanda negó con la cabeza: "Tío, hay algo de lo que quiero hablar contigo".
"¿Es sobre ti y Sebastián?"
"No, quiero hacerme cargo de la familia Sierra por un tiempo".
Julio la miró confundido y luego dijo: "Fernanda, sé que has aprendido mucho en la Universidad del Nuevo Mundo. Si quieres ganar experiencia, puedo darte el control de algunas de las pequeñas empresas de la familia Sierra, pero hacerse cargo de toda la familia Sierra, me preocupa...".
"¡Bah! ¡No uses tu posición de prima para darme órdenes! ¡Tú solo has crecido gracias a nuestra familia! Eres una mujer, ¡y yo soy el único heredero de la familia Sierra! ¡Todo el patrimonio de la familia Sierra será mío!"
La expresión de Fernanda se oscureció.
Que Iván, a su edad, dijera cosas, solo podía ser el resultado de lo que Isabel le había inculcado.
Qué astuta era Isabel, siempre codiciando la riqueza de la familia Sierra.
Fernanda se rio fríamente: "¿Quién te enseñó a decir eso?"
Al escuchar a Fernanda, los ojos de Iván claramente mostraron un destello de culpa: "¡Nadie me enseñó!"
"¿Ah sí?" Fernanda dijo con frialdad: "Te aconsejo que, si no quieres que te heche a la calle, en adelante cuida lo que dices. Y si hay una próxima vez, ya verás si no te pongo en tu lugar".
"¡Fernanda! ¿Crees que tengo miedo de ti?" Iván se burló con desdén: "Ya te estás divorciando de Sebastián, ¿quién crees que te va a proteger ahora? Si fueras inteligente, irías a la familia Borrego a suplicarle a Sebastián por compasión, tal vez así podrías seguir siendo la Sra. Borrego unos días más.

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