Sin embargo, nunca imaginó que aún no alcanzaba ni a los pies de la abuela Borrego.
En el pasado, la abuela Borrego sentía gran afecto por Fernanda, pero eso se debía solo a que Fernanda era útil para ella.
Ahora que Fernanda ha muerto, la abuela Borrego ha empezado a querer a Lorena, a quien antes despreciaba, simplemente porque Lorena lleva en su vientre a un hijo de la familia Borrego.
Por primera vez Sebastián sintió un profundo desdén por su propia familia.
Al ver que Sebastián seguía parado sin moverse, la abuela Borrego, con una sonrisa de desconcierto, dijo: "Sebastián, ¿qué haces ahí parado? Sube a descansar, aquí nos encargamos Lorena y yo".
Como si todo estuviera ya dispuesto, la voz de Sebastián transmitía frialdad y desapego: "Ya que a la abuela le gusta tanto descansar en esta casa, entonces yo sé la dejo".
La abuela Borrego aún no entendía la intención de Sebastián cuando él ya se había dado la vuelta para irse.
Al presenciar esta escena, Lorena no pudo evitar expresar su tristeza: "Abuela, ¿Sebastián está enojado?"
"No te preocupes por él, cuando se le pase, volverá por su cuenta".
El rostro de la abuela Borrego permaneció impasible.
Desde que Sebastián era pequeño, le habían enseñado a ocultar sus emociones. Sin embargo, la aparición de Fernanda había cambiado a Sebastián, haciéndolo emocionalmente inestable.
Cuando era más joven, Sebastián también había huido de casa, pero siempre terminaba regresando con el rabo entre las piernas.
Sabía que sin el Grupo Borrego, el mundo exterior no tenía lugar para él, y sin la familia Borrego, no era nadie.
Afuera de la familia Borrego, al ver a Sebastián salir de casa, Carlos no pudo evitar sorprenderse: "Sr. Borrego…"
"Regresemos a la empresa".



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