"Si voy y hablo con él..."
"No servirá de nada," dijo Fernanda con indiferencia. "Ser un hijo ilegítimo no es algo que hayas elegido, pero tu identidad aquí... Ciro nunca permitirá que tu existencia amenace su posición. Lo que digas no importará, es probable que frente a ti actúe amable y fraternal, pero a tus espaldas buscará la manera de destruirte".
Isauro guardó silencio.
Él no quería involucrarse en estos asuntos, sólo deseaba bailar tranquilamente, buscando el escenario que anhelaba.
Fernanda, viendo la dificultad de Isauro, propuso: "Mira, esta noche, cuando todos descansen, ven a buscarme. Te propondré un negocio. Si aceptas, te garantizo que Ciro no te molestará más".
Al oír esto, Isauro se sorprendió y sus cejas se alzaron en duda: "¿Tienes una solución?"
"Si confías en mí, ven a verme. Si no, has como si no hubiera dicho nada. No te obligaré".
Fernanda se marchó primero, despidiéndose de Isauro con un gesto: "Esta noche a las ocho y media, en el campo de atrás. No faltes".
Abilio, que había estado escuchando escondido, se acercó a Isauro tan pronto como Fernanda se fue y le dijo: "¡Ey! Pequeño, ¿de qué estabas hablando con la señorita Sierra?"
"...Nada".
Isauro se giró para irse, pero Abilio, insatisfecho, corrió hasta ponerse delante de él y preguntó: "¡Estuve mirando desde allí! ¡Ustedes dos estaban muy cerca! No te creo que no sea nada,".
Isauro se detuvo, frunciendo el ceño: "¿Lo escuchaste?"
"No".
Abilio, sorprendido por la pregunta directa de Isauro, se enfadó: "¿Así que a tu amigo también lo vas a engañar? ¡Bien, bien, ya veo que tú y ella tienen una relación especial!"
Isauro se sintió más molesto por el ruido, se frotó las sienes y se marchó sin decir nada más.

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