No hubo respuesta y Fernanda volvió a preguntar: "¿No serías antes un matón, verdad?"
Oriol salió del baño y gritó hacia fuera: "¡Alguien que venga!"
Tula entró empujando la puerta, y al ver a Oriol también se asustó un poco: "Sr. Lobo..."
"Cámbiale la ropa".
Dicho esto, Oriol salió de la habitación.
Al ver que Oriol había salido, Tula corrió hacia Fernanda llorando y dijo: "Srta. Fernanda, ¿estás bien...?"
"Estoy bien, no fue nada grave, gracias a Dios captaste mi mirada".
En ese momento, Tula vio el brazo de Fernanda, ella ya había escuchado lo sucedido desde la puerta y preguntó en voz baja: "Srta. Fernanda, tu brazo..."
"No te preocupes, me lo hice yo misma".
"¿Qué?"
Tula sorprendida dijo: "¿No fue el Sr. Torres...?"
"No es un toro, sería ridículo que me disloque el brazo con solo un golpe".
Sin embargo, si no lo hacía así, después, cuando Oriol investigara, inevitablemente sospecharía que ella le había tendido una trampa.
Una mujer con intenciones ocultas tratando de acercarse, nunca podría despertar en un hombre el instinto de protección como lo haría una mujer obstinada que había sufrido humillaciones justo delante de él.
Si se descubría, entonces el especial interés que había logrado despertar en Oriol se perdería.
"Srta. Fernanda, lo sé, lo hiciste todo por mí, así que te guardaré el secreto".
Fernanda asintió y dijo: "Bien, con que tú lo sepas, es suficiente".
Con el testimonio de Tula, y las heridas que ella misma había sufrido delante de Oriol, más la conocida lascivia del Sr. Torres, Oriol jamás volvería a creerle al Sr. Torres.
Al otro lado, el médico ya había terminado de vendar las heridas del Sr. Torres en la cabina del barco.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No Soy Tu Bien Desechable