"Ya están controlados, no puedes escapar".
"Señorita Fernanda, realmente me has sorprendido".
Oriol miró a Fernanda, pero la sonrisa en su rostro era fría como el hielo.
Fernanda instintivamente quiso levantarse y correr hacia Fabio, pero apenas se puso de pie sintió un mareo intenso.
¿Qué estaba pasando?
Fernanda miró hacia el vino en la mesa, y rápidamente se dio cuenta de que su copa había sido drogada.
¡Oriol había estado preparado desde el principio!
Antes de que Fernanda pudiera estabilizarse, Pascual ya la sujetaba al cuello con un cuchillo.
Fernanda sintió su cuerpo debilitarse, y apenas podía ver a Fabio con los ojos dilatados corriendo hacia ella, mientras su conciencia se iba desvaneciendo poco a poco.
"Pensé que habías contactado a Sebastián esta mañana, pero resulta que eras tú".
Oriol se levantó, despreocupadamente sacudiéndose el polvo inexistente de su ropa: "Conoces la habilidad de Pascual. Te doy dos opciones: una, nos llevas a Pascual y a mí al aeropuerto; dos, la ves morir, y si es necesario, que la señorita Fernanda nos acompañe en la muerte".
Ninguna de las respuestas era lo que Fabio quería oír.
Fernanda estaba a punto de hablar, pero escuchó a Fabio decir fríamente: "¿Crees que renunciaría a la oportunidad de matarte por una mujer?"
Al oír eso, el corazón de Fernanda se enfrió.
Usó toda su fuerza para pellizcarse el muslo, intentando mantenerse consciente.
Preferiría haber escuchado mal.
Esas palabras no podrían haber salido de Fabio, pero ella ya vio a Fabio levantando la pistola, como si en el próximo segundo fuera a apretar el gatillo.
Y esa bala, ¡no estaba dirigida a otro sino a ella!
'¡Bang!'
Solo se escuchó un disparo sordo, y Fernanda se pellizcó fuertemente el muslo otra vez.

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