Al atardecer, Fernanda ya se había puesto su vestido de gala y bajaba por las escaleras del segundo piso, mientras que Mercedes y Ludovica aún no habían vuelto.
Oriol ya llevaba un buen rato esperando en la sala. Levantó la vista hacia su reloj y luego la fijó en Fernanda que bajaba: "¿Por qué tardas tanto?"
Ante el tono impaciente de Oriol, Fernanda respondió: "A las chicas nos lleva tiempo ponernos guapas, si el Sr. Lobo se impacienta, puede irse primero, yo llegaré después".
Al ver a Fernanda bajar con un elegante vestido blanco de sirena, Oriol soltó una risa fría: "¿Así que me voy para luego darte la oportunidad de escapar? Fernanda, ¿realmente crees que soy un tonto?"
"¡Ay! Me descubriste, Sr. Lobo".
Fernanda fingió sorpresa, pero Oriol de un tirón la acercó por el brazo.
El movimiento fue tan abrupto que Fernanda tambaleó un poco, casi cayendo al suelo.
"No juegues conmigo, no te daré ninguna oportunidad de escapar".
Dicho esto, Oriol colocó unas esposas que ya tenía preparadas en las muñecas de Fernanda.
Al ver las esposas en sus muñecas, Fernanda no pudo evitar reírse: "¿En serio me preparaste esto?"
"¿Qué crees?"
"Así que cuando la última vez sugerí que me pusieras esposas, no era que no querías, sino que no tenías?"
"Acabo de pedírselas a Pascual, sin la llave que tengo yo, solo te quedará esperar a los bomberos para que te liberen".
"Que malo..."
Oriol sacudió de su ropa un polvo inexistente y le dijo a Pascual: "Vamos".
"Sí, jefe".
Pascual y Oriol se adelantaron y Fernanda miró a las esposas en sus muñecas y soltó otra carcajada.
¿Podría Oriol actuar de manera más infantil?
Afuera de la villa de la familia Lobo.
Fabio estaba sentado en su auto observando cómo el vehículo de Oriol se alejaba, y escuchó a través de su auricular bluetooth la voz de uno de sus hombres: "Jefe, la señora está en el auto, se fue con Oriol".

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