Alonso también se levantó de un salto, sorprendido por el sonido de la bofetada, y miró a Estrella con una expresión sombría.
Estrella se mantuvo en su lugar, con la mirada gélida y los puños apretados.
Miró a Isidora y dijo marcando cada palabra
—¿Suegra? ¿Se te olvidó? Siempre has dicho que soy una huérfana sin educación.
—¿Acaso esperabas que ahora tuviera la decencia de aguantar tus insultos en silencio?
Su familia era el dolor más profundo que llevaba dentro desde niña. Esos años en el orfanato, el anhelo de tener parientes, y ni hablar de los bebés...
El tema de los hijos había sido el detonante de sus constantes peleas con Alonso últimamente.
Sus hijos ya no estaban, no había podido protegerlos. Sentía culpa, remordimiento, y quería alejarse de ese infierno que era la familia Echeverría. ¿Y ahora Isidora venía a usar a sus hijos muertos para atacarla?
Le habían tocado una fibra sensible, y solo quedaba la armadura feroz de Estrella para protegerse.
—Tú, tú... ¿acaso dije alguna mentira? A lo mejor tú misma mataste a tus parientes y a tus hijos con tu mala vibra. ¡Por tu culpa murieron, no debieron existir!
Antes de que pudiera terminar, Estrella agarró lo primero que tuvo a mano.
Y lo lanzó con fuerza para estrellárselo a Isidora.
Afortunadamente, Alonso fue rápido y logró bloquear el objeto con el brazo; era un termo.
No golpeó a Isidora, pero cayó con un fuerte estruendo justo al lado de su cabeza.
El ruido fue tan fuerte que casi le perfora los tímpanos.
Isidora se puso pálida y señaló a Estrella con una mano temblorosa.
—Loca, estás loca, eres una...
Estrella había perdido la razón por la provocación.
Después de encontrar a su hermano y a su padre, la familia era su límite, y los niños su herida abierta. Isidora, convencida de que ella había robado a la niña, también estaba perdiendo la cabeza.
Estrella agarró una silla y se dispuso a atacar de nuevo...
Pero Alonso la abrazó con fuerza.
—¡Basta!
Isidora se levantó del suelo.
—¡Alonso!

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