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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 11


Capítulo 11

Mi mayor temor se había hecho entonces realidad.

¡Mateo estaba en el bar! Y había estado observándome todo este tiempo.

Y las mentiras que le había dicho por celular ahora se sentían como un escupitajo que me cayó directo en la cara.

Mi cuerpo se tensó por completo, era incapaz de moverme.

Mateo me besó con fuerza durante lo que pareció una eternidad antes de soltarme.

Sus dedos largos acariciaron mis labios hinchados, y otra vez, vi esa sonrisa que me helaba la sangre.

-¿Estabas tan dormida que no te diste cuenta que llegaste a un bar? -preguntó, su ironía era punzante. Saber que me había visto todo este tiempo y aun así decidió llamarme para hacerme caer en su trampa me hizo hervir de rabia.

Con un tono poco amable, le respondí:

-¿Si ya sabías que estaba aquí, por qué llamar

entonces solo para probarme?

Su sonrisa se amplió, pero seguía siendo igual de indescifrable.

-Pensé que serías honesta conmigo. Incluso te di la oportunidad. Pero no, decidiste mentirme hasta el final.

Sus dedos se deslizaron lentamente por mi cuello, y por un instante pensé que podría intentar ahorcarme en cualquier momento.

Sentí cómo mi corazón se apretaba de nuevo.

Me miró con seriedad y me dijo:

-¿Es que crees que, no importa cuánto me mientas, no te haré nada?

-¡No, no es eso!

Claro que no era eso, yo no soy "la luz de sus ojos". ¿Cómo podría tener tanta confianza como para desafiarlo?

Su expresión, esa mezcla de diversión y amenaza, era un tormento.

-Sí, te mentí y que, -dije finalmente con un tono resignado. -¿Cómo planeas pues castigarme?

-¿Qué crees tú?

Su sonrisa se hizo más grande, pero sus ojos eran los de un depredador que observa a su presa.

Recordar la intensidad de la noche anterior hizo que mis piernas empezarana temblar y perder el equilibrio.

Mateo tomó mi cintura y, con una voz baja y rasposa, murmuró:

-Aún no hemos empezado. ¿Por qué tiemblas?

¿Era muy tarde para arrepentirme?

Aferrándome a su camisa, murmuré, con una voz que suplicaba por misericordia:

-Lo siento en serio no quise mentirte. Tenía miedo de que te enojaras, por eso hice lo que hice.

-¿Si? -Mateo deslizó su mano por mi cintura.

La tela del vestido era tan fina que podía sentir cada movimiento. Se rio un poco. - Entonces, ¿crees que, si me mientes, no me enfadaré?

¡Maldita sea!

Si todo fuera como antes, le habría gritado, pero ahora... ahora no me atrevía.

Durante el trayecto, Michael llamó dos veces más. No contesté.

Cuando llegamos a casa, Mateo me lanzó una mirada, acompañada de una sonrisa que decía más que mil palabras.

-¿Por qué no contestaste?

-¿No es acaso obvio? ¡Para que no te enojaras!

-pensé, pero lo que dije fue:

--¿Para qué iba a contestar? No tengo nada que decirle.

-¿En serio? -Mateo se rio por un milisegundo, antes de salir del auto y, sin previo aviso, bajarme en sus brazos.

Caminó hacia la casa, ignorando las miradas de los sirvientes.

Avergonzada, me trataba de zafarme.

-¡Bájame ya! Yoo puedo caminar sola.

-Caminas demasiado lento. Y yo... ya no puedo esperar.

¡¿Qué es lo que quieres?!

Esa última frase, que me dijo casi murmurando, con un tono insinuador, me hizo arder de vergüenza. Sentí cómo un volcán explotaba en mi pecho.

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