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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 119

El teléfono sonó y era la voz de mi papá.

Hablaba con ese tono cuidadoso, como tratando de tranquilizarme.

Me preguntó:

—Aurorita, ¿qué estás haciendo? ¿Estás con Mateo otra vez?

No sé por qué, pero al escucharle ese tono tan fingido y justo mencionar a Mateo, algo dentro de mí se encogió.

Pregunté con seriedad:

—¿Para qué me llamas?

—Es que, Aurorita, estuve metido en un proyecto con alguien, pero salió mal y perdí... —dijo, con la voz cargada de preocupación.

Respondí, molesta:

—¿Y ahora quieres que te preste dinero?

—Ay, Aurorita, ¿qué forma de hablar es esa? ¿Por qué siempre me tratas así? Solo perdí unos cientos de miles, es plata que me prestaron, y ahora tengo que devolverla. ¿No podrías pedirle a Mateo...?

—¡Ni se te ocurra!

No aguanté más. Estallé, gritando con todo lo que tenía guardado:

—¿Por qué siempre haces lo mismo? Siempre metido en apuestas o negocios sin sentido. ¿No puedes estar tranquilo si no estás perdiendo plata?

—Tienes tantas deudas, ¿de dónde se supone que voy a sacar dinero? ¿Qué esperas que haga?

—¡Ay! ¿Y ese tonito? —dijo con sarcasmo.

—¡Yo hago esto para ganar dinero para ustedes! Siempre me juzgas, como si todo fuera culpa mía. Antes te quejabas de las apuestas, ahora me echas en cara que intente algo distinto. Cuando ganaba, nadie decía nada, pero ahora que las cosas salieron mal, ¿me tiran a la basura? ¿Acaso todo lo que haga está mal?

—Papá... —grité, ya agotada—¿puedes escucharme por un segundo? No digo que esté mal querer invertir, pero si no tienes ni plata ni experiencia, ¿por qué insistes? ¿Qué tiene de malo quedarte en casa? ¿De verdad crees que Michael y yo no podemos ayudarte? ¿Por qué te empeñas en hacer las cosas peor? Después de todo lo que pasó con nuestra familia, ¿cuándo te despreciamos? ¿Cuándo? ¿Cuando te llenaste de deudas por el juego no fue mamá la que se enfermó por tu culpa? ¿No fue Michael el que se partió el alma buscándote dinero? ¡Nunca piensas en la familia! ¡Ya estás grande para seguir así!

—¡Ya basta! —gritó mi papá, cortándome.

—¡No te llamé para que me des lecciones! Ahora debo setecientos mil. No es tanto, pero necesito que consigas ese dinero con Mateo cuanto antes.

Cada vez que pensaba en pedirle plata a Mateo…

¡Qué absurdo!

Capítulo 119 1

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