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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 135

El señor Martínez estaba recostado en su silla tomando café.Cuando me vio entrar, soltó la taza y me dijo:

—¿Si estás tan mal, por qué no te tomaste unos días más para descansar?

Su tono ya no era como antes, tenía un toque de burla.

No sabía si le había molestado que faltara al trabajo.

Rápido le respondí:

—Ayer tuve un problema en casa y no pude venir, lo siento. A partir de ahora cumpliré el horario y no faltaré ni un día.

Se quedó mirándome un momento y, de pronto, bajó la vista hacia mi abdomen.

Esa mirada me incomodó y, sin pensarlo, me cubrí la panza con las manos.

Se rio con sarcasmo:

—¿Es cierto que estás embarazada?

Me quedé impactada y negué enseguida:

—No, es un chisme nada más.

¡Por Dios! También él pensaba lo mismo.

Y lo peor es que ni siquiera debería importarle.

Apenas estoy empezando en esta empresa, ¿qué más le daría si fuera cierto?

Y no sé si era mi idea, pero cuando me preguntó eso, su mirada se sintió distante, y su voz no sonaba nada amigable.

¿Qué estaba pasando?

¿Acaso pensaba que solo quería aprovechar algún permiso?

Pensando en eso, era lo único que podía tener sentido.

Me apuré a aclararle:

—Señor Martínez, no se preocupe, no estoy embarazada. Y aunque lo estuviera, no voy a pedir ningún permiso.

Agradezco mucho la oportunidad y prometo que voy a dar lo mejor de mí.

Pasaron unos segundos sin que dijera nada.

Levanté la mirada y lo vi con una sonrisa que no sabía si era en serio o se estaba burlando. Me dijo, con voz algo cansada:

—¿Y por qué estás hablando de permiso de maternidad?

¿No era eso lo que él pensaba?

Me quedé callada, sin saber qué decir.

Entonces levantó la mano y me hizo un gesto para que me fuera:

Y sí, también pensaba que no se fijaría en algo tan simple.

Pero de verdad no encontraba otra razón.

Ella, al notar mi confusión, me miró con una sonrisa traviesa y dijo en tono misterioso:

—Dime la verdad, ¿tú y el señor Martínez ya se conocían antes? ¿Tienen algo tortolitos?

—No, cómo se te ocurre, deja de inventar tantos chismes.

Aunque sí sentía que su cara me sonaba de algo, no lograba recordar de dónde.

Ella no dejaba el tema:

—Entonces, ¿por qué te llamó y por qué justo te preguntó eso? Es raro. Recién estás entrando y ya tuviste acceso a su oficina.

También me parecía extraño. Incluso el hecho de que me diera esa oportunidad se salía de lo común.

Pero no encontraba ninguna explicación clara.

En fin, lo mejor era enfocarme en hacer mi trabajo.

El día pasó rápido, entre tareas y pendientes.

Mientras tenía la cabeza ocupada, no pensaba en Mateo ni me sentía mal.

Pero al final del día, no pude evitar volver a pensar en él.

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