Entrar Via

Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 153

Me quedé impactada, no pude reaccionar cuando Mateo me agarró del brazo y empezó a jalarme fuera de la oficina.—¿Qué diablos haces? —intenté soltarme.

Pero me apretaba con tanta fuerza que la muñeca me dolía. Iba tan rápido que apenas si podía seguirle el paso, sentía que me arrastraba.

Ya me sentía fatal, el estómago me daba vueltas como si fuera a reventar.

Con él llevándome así, lo único que pensaba era que iba a vomitar ahí mismo.

Lo tomé del brazo, con la voz entrecortada por el malestar:

—Más lento... por favor... creo que me voy a vomitar...

Mateo suspiró con rabia, giró por un pasillo y me empujó al baño.

Corrí al lavamanos y vomité todo lo que tenía del día, hasta que ya no salió nada más que agua amarga.

El estómago me ardía, el cuerpo no me respondía.

Apoyada en el lavamanos, sentía que me moría.

En el espejo, lo vi ahí parado, contra la pared, con un cigarro en la mano, mirándome de reojo, como si nada.

Cuando me calmé un poco, me enjuagué la cara con agua helada.

El frío me despertó.

Pensé en el proyecto, en la inversión, me di vuelta y lo encaré como pude:

—¿Por qué me sacaste? Todavía me faltaban tres copas.

Intenté salir tambaleándome por el pasillo.

Pero, de la nada, me empujó contra la pared.

Puso una mano al lado de mi cabeza y con la otra me agarró de la cara. Su mirada era penetrante:

—¿No dijiste que no trabajabas para él? ¿Que no tenías nada que ver con él? ¿No juraste que jamás estarías con ese tipo? Entonces, Aurora, ¿en qué te metiste, ah?

Le pegué en el pecho, desesperada:

—No me hagas esto... hablemos un poquito... tranquilo.

Pero él estaba furioso.

Tenía la mirada encendida, como si quisiera hacerme pedazos.

—¿Por ese proyecto vas a jugar con tu vida?

Mateo bajó la mirada, y por fin aflojó la mano.

Me dejé caer, sin fuerzas, quedando tirada en el suelo, sentada de cualquier forma.

Me ardía tanto la mandíbula que no me atrevía ni a tocarla.

Lo miré con los ojos llenos de rabia y dolor.

Él solo se quedó ahí, mirándome desde arriba, con esa mirada dura y vacía.

Lanzó el humo del cigarro y escupió unas palabras:

—Aurora, eres una mentirosa.

No sabía si odiaba que lo hubieran engañado o si era algo personal que tenía contra mí.

Lo único que sabía era que, con una sola mentira, ya estaba dispuesto a hacerme esto.

Levanté la cabeza con dificultad, tratando de hablar, con la voz rota:

—No mentí. De verdad… no sabía que Michael era el dueño... me enteré justo antes de venir, lo juro por mi madrecita.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo)