Capítulo 190
Al final, todo en esta vida es pasajero. Cuando termine este proyecto, cada uno irá por su camino, así que no tiene sentido preocuparme de más.
Desde ahora, solo tengo que hacer bien mi trabajo.
Durante los días que siguieron, el patrón no volvió a pasar por la obra. Muchos decían que se sentía tan disgustado conmigo que ya no quería ni pisar el sitio.
No le di importancia a esos comentarios. Seguí trabajando como siempre, cumpliendo mi turno y comiendo a mi hora.
Mi vida no cambió mucho, salvo por el detalle de que ya casi nadie me dirigía la palabra.
En el trabajo, archivaba documentos en silencio y hacía mis tareas sola.
A la hora de comer, siempre buscaba un rincón donde pudiera sentarme sola sin molestar a nadie.
Cuando alguien me veía, prefería irse. Pero ya no me dolía.
Mi objetivo era claro: trabajar y ahorrar plata.
Ese día, el 15, llegó el momento esperado: nos pagaron.
Era la primera vez que recibía mi salario formal.
Cuando vi los 1,000 en mi cuenta, sentí una felicidad enorme.
El día de pago siempre pone a todos de buen humor.
Al terminar la jornada, la oficina era un alboroto completo.
Caleb, muy animado, gritó:
—¡Vamos, gracias diosito, hoy es día de pago!
¡Los invito a comer!
—¡Qué grande Caleb, muchas gracias! — gritaron varios.
—¡Yo quiero tacos!
—¡Mejor una carne asada!
Todos hablaban al mismo tiempo, hasta que alguien me señaló y preguntó:
—¿Y no vas a invitar también a Aurora?
Caleb me miró, con cara de fastidio.
Antes de que pudiera decir algo, respondí, tranquila:
—Mil gracias, pero hoy tengo algo que hacer.
Caleb habló, molesto:
—Ni creas que pensaba invitarte.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo)