Capítulo 207
— ¿Cómo van a castigarla? —Jeremi y Caleb se miraron, sin saber qué decir. Por un momento, se quedaron callados, buscando una salida.
Caleb fue el primero en decir algo:
—El problema es que ella está como asistente temporal en el archivo. Cuando entró firmó un contrato donde dice que no puede ser despedida sin justificación.
— ¡Exacto, exacto! —aprovechó Jeremi para meter la cuchara—. Si no fuera por eso, ya la habríamos sacado. Una empleada tan problemática... Patrón, por favor, no nos haga pagar a todos por ella.
— Sí, jefecito —agregaron los dos casi al mismo tiempo—. En nuestra oficina siempre hemos sido responsables. No nos juzgue por eso, no deje que todo nuestro trabajo se vaya al suelo por lo que haga esa cualquiera.
— Patrón...
— Suficiente. —Mateo los interrumpió con el tono seco de alguien que ya se hartó.
Jeremi cerró la boca al instante.
Caleb tampoco dijo nada más. Solo me lanzó una mirada llena de desprecio.
Mateo sacó una cajetilla, se puso un cigarro en la boca y, antes de que pudiera encenderlo, todos a su alrededor ya estaban sacando sus encendedores como si estuvieran en una competencia por ver quién es el pendejo más lamebotas.
La escena fue tan absurda que me dieron ganas de reír y vomitar al mismo tiempo.
Jeremi, que era el que mandaba después de Mateo, les lanzó una mirada y los demás se hicieron a un lado enseguida. Él mismo le encendió el cigarro, sonriendo como si estuviera sirviéndole a un rey.
Mateo dio una calada a su cigarrillo, dejó salir el humo despacio y me miró.
— ¿Entonces? ¿Qué castigo le vana poner?
Jeremi tragó saliva, perdido.
Caleb fue más rápido:
— Jefe, ¿cómo quiere que la castiguemos?
Díganos usted.
Mateo sonrió, sin apuro, y entre el humo que salía de su boca, se notaban sus ojos clavados en mí, brillando con burla, odio y ese placer sádico detrás de una sonrisa tranquila.
Sentí cómo se me tensaban las manos. No aparté la mirada. Sabía que, con él, nada era tan simple.
Todos esperaban, como si se prepararan para ver una escena de teatro.
Y Ryan, ese que era mi "novio", no dijo ni una palabra.
Mateo se quedó en silencio un rato más, hasta que, de la nada, miró hacia afuera.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo)